miércoles, 6 de febrero de 2019

Trogloditas por el mundo (y II)

Retomamos y rematamos la anterior entrada de Trogloditas por el Mundo, repasando la económica a la par que sostenible costumbre de habitar en cuevas, cálidamente resguardados por Gaia, Gea, la Pacha Mama, la Madre Tierra o como se quiera llamar, aspecto que siempre ha otorgado cierta seguridad psicológica al ser humano. Siempre que la cueva no esté ocupada por otros compañeretes de farra de más de dos patas, claro.

Continuamos nuestro viaje en América del Norte, continente tremendamente escénico, de paisajes abiertos, enormes, magníficos, solitarios, especialmente a lo largo y alrededor de las Montañas Rocosas. Allí, al sudoeste del estado de Colorado, se encuentra el Parque Nacional de Mesa Verde, de visita imprescindible por la soledad del entorno (exceptuando las hordas de turistas), la calidad paisajística, el interés arqueológico y, sobre todo, por lo bien organizado que está, con sus simpáticos rangers que contribuyen decisivamente a la preservación de tan singular paraje.

Mesa Verde con sus grupos de turistas, entre los que se incluye el autor. En la cornisa se aprecian las manchas negruzcas causadas por la proliferación de cianobacterias (La Gaceta de Gea)
Bajo una enorme ceja de piedra caliza salpicada de manchas negruzcas -churretones de cianobacterias fotosintéticas también llamados trazos de tinta- aparece un entramado de viviendas, con sus muros y ventanas, acompañadas de kivas, cámaras redondas excavadas y cubiertas por cúpulas semicirculares, de uso ceremonial por los ancestrales indios Pueblo, aunque también sirvieron como improvisada vivienda en caso de necesidad. Comenzó a habitarse nada más y nada menos que en el milenio octavo antes de Cristo, abandonándose en el siglo XIII dC.

Planta del Palacio del Acantilado de Mesa Verde. Las kivas redondas y las viviendas entre ellas me recuerdan -aunque no tienen nada que ver- algunos castros gallegos y asturianos, como el de Coaña (nps.gov)
No muy lejos de Mesa Verde, en el estado de Arizona, se localiza el interesante aunque menos llamativo Monumento Nacional del Castillo de Montezuma, cuyo nombre hace sincero homenaje al famoso gobernante azteca, ya que sus descubridores creyeron que había sido construido por él mismo aunque, realmente, fue implantado por los indios Sinagua, habitándose entre los siglos XI y XV dC.

El Castillo de Montezuma (National Parks)
En una gran oquedad del acantilado calizo (casi todas las cuevas, naturales o artificiales, se encuentran en terrenos calizos, por algo será) aparece este hábitat compuesto por cinco pisos accesibles mediante escaleras portátiles, de forma que solo pudieran acceder sus propios habitantes. Además de por motivos defensivos, los Sinagua construyeron el hábitat 30 metros por encima del cauce del río Beaver -un afluente del río Verde- para evitar las previsibles crecidas, que podrían haberse llevado por delante, de forma inmediata, el poblado. Gente inteligente a diferencia de otros, en España, que se empeñan tozudamente en construir sus viviendas junto a ramblas y cauces secos que, cuando llueve torrencialmente, se convierten en trampas mortales que se cobran alguna que otra vida, entre grandes destrozos materiales. Hay gente que no tiene remedio, ni lo quiere tener.

Vámonos a África, concretamente a Ghana. En el norte del país y muy cercano al río Volta tenemos la villa de Seripe. Debo confesar que no he encontrado información de este hábitat en internet, únicamente en el libro Earth-Sheltered Habitat, de Gideon S. Golany. He escaneado la zona con Google Earth y tampoco he encontrado el asentamiento troglodítico, por lo que sospecho que ya no existe.

Dibujo del hábitat de Seripe, Ghana (Earth-Sheltered Habitat)
Se trata de un poblado de forma más o menos circular, sin calles ni accesos visibles. Las viviendas se adhieren entre ellas como si fueran células vegetales, y cada una de ellas consta de un patio central rodeado de habitaciones. De esta forma, el hábitat presenta un perímetro totalmente opaco, lo que contribuye a su defensa. El acceso desde el exterior sería por medio de una escalera portátil. Su forma, extremadamente compacta, permite maximizar el terreno utilizado para la agricultura, base de la subsistencia de sus habitantes.

De forma similar, el acceso a las viviendas se produce por una escalera portátil de madera que baja hacia los patios. Los techos planos de las habitaciones se usan para las reuniones comunales, como tendedero de ropa y secadero de alimentos, así como zona de juegos infantiles. El material de construcción de los muros es una mezcla de serrín, barro y excrementos de vaca.

Aunque, realmente, no sea éste un hábitat puramente troglodítico, comparte con ellos las mismas características bioclimáticas, ya que las pérdidas y ganacias de calor son mínimas, obteniéndose un clima similar.

Hábitat troglodítico de Bandiagara, Mali (World Monuments Fund)
Nos acercamos al cercano Mali, concretamente a Bandiagara, donde se localizan sus conocidos acantilados, en pleno País Dogón. Excavados en piedra arenisca, estos acantilados han sido habitados desde hace más de 2000 años, aunque el pueblo dogón -exótico y extraño a partes iguales- se implantó en estas tierras a partir del siglo XV dC.

Bajo el enorme escarpe se agolpan multitud de construcciones de adobe: viviendas, graneros, altares, santuarios y los Togu Na, unos curiosos espacios comunales (solo para hombres, como era previsible) abiertos por sus extremos y cubiertos por un entramado de ramas, a baja altura, sostenido por pilares de madera tallados con esculturas pro-fertilidad y demás tótems. Hay que entrar agachado, y dentro se discuten asuntos administrativos, los mozos se echan la siesta o fabrican utensilios de artesanía. Las mujeres con el período pasan el trance, aisladas, en una construcción circular, por si fuera contagioso. Las calles son simplemente los espacios intersticiales entre las construcciones, no hay planificación urbana alguna.

Casas-cueva de Guadix, España (Andalucia.org)
Finalizamos en el sur de España, en Andalucía, más concretamente en la provincia de Granada. En la localidad de Guadix aparece el singular Barrio de las Cuevas donde, en el siglo XVI dC, se implantó un hábitat troglodítico de unas 2000 cuevas. En la actualidad viven allí unas 3000 personas, lo que lo convierte, presumiblente, en el hábitat troglodítico habitado más grande de Europa.

Las casas-cueva son bastante peculiares, ya que suelen disponer de una fachada blanquísima, enjalbegada al estilo andaluz, a la que se adosan elementos como poyos, jardineras, hornacinas o tejadillos, además de presentarse la entrada a la cueva y ventanas de todos los tamaños, que iluminan levemente las estancias. En el exterior aparecen unas curiosas chimeneas de ventilación. Dentro de la cueva, las estancias poseen techos abovedados, hornacinas que hacen de armarios y todas las comodidades disponibles en el siglo XXI. Porque una cosa es ser troglodita -con todas sus ventajas bioclimáticas- y otra, muy distinta, es vivir en la Edad de Piedra.

Apetecible aunque troglodítico interior de la casa-cueva "La Tala", en Guadix (Casa La Tala)
Hoy en día es posible alojarse en las casas-cueva convertidas en hoteles, toda una experiencia ecosubterránea que no hay que perderse.

Terminamos las dos entradas de Trogloditas por el Mundo señalando que existen muchos asentamientos troglodíticos diseminados por el planeta, algunos habitados en la actualidad y otros esperando tiempos mejores. Quizás lleguen: con el calentamiento global previsto no sería mala idea volver a la cueva o, al menos, imitar su comportamiento climático en los edificios actuales, cosa no tan sencilla.

Tiempo al tiempo.

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