lunes, 21 de enero de 2019

Incursiones cotidianas: arquitectura de una playa invernal

Una de las actividades más placenteras -al menos para el que suscribe- es un paseo invernal por una playa desierta. Y si es un playazo, mejor. Y si hace sol y buena temperatura, ni le cuento. Todo esto -cual conjunción zodiacal-planetaria, como diría cualquier astrólogo que se precie- he tenido la suerte de experimentar en Asturias, esa región en la que se comenta con sano orgullo "España ye Asturies y lo demás es tierra conquistada".

Acceso a la playa de La Franca (La Gaceta de Gea)
Me encuentro en el cruce de la carretera N-634 con el acceso rodado a la playa de La Franca, pueblo incluido en la parroquia de Colombres, que, a su vez, pertenece al concejo de Rivadedeva; peculiaridades de la agrupación territorial del poblamiento diseminado asturiano. A unos diez kilómetros al este se encuentra la acuática frontera con Cantabria que forma la ría de Tina Mayor, la desembocadura del río Deva, en Unquera, la patria chica de las deliciosas corbatas.

Para situarnos convenientemente: La Franca y su playa, en el Mapa Topográfico Nacional
Desciendo por la serpenteante carreterilla; a mi derecha aparece una especie de garita en desuso que parece esperar tiempos mejores, si es que éstos tienen a bien presentarse. Paso bajo el viaducto que sostiene la N-634, decorado con múltiples emplastos de cemento que, a modo de ingenieril apósito, cubren las armaduras del hormigón armado previemente expuestas a la humedad y viento reinante. Menos mal.

A la derecha se escucha el rumor de las someras aguas del río Cabra, que corta la arena por la parte derecha de la playa, mezclándose sus aguas con las del Cantábrico junto a unos peñascos desprendidos del escarpe colindante. Este hecho permite la formación de una zona marina dotada de gran cantidad de nutrientes, trasportados por el río Cabra desde su nacimiento en el cercano poblado de La Borbolla. A la izquierda, un camping de calidad cerrado; en agosto se pone de bote en bote, garantizado.

Ascendemos por la vía y divisamos, desde arriba, la fantástica ensenada, más apreciable si la marea está baja. Y es el caso, está bajando, condición necesaria para acceder a los puntos de interés inundables, que son unos cuantos. A la derecha se sitúa un agradable hotel donde estuvo el decimonónico Balneario de La Franca, lo que demuestra la tradición turística del enclave.

Arribazones de ocalito (La Gaceta de Gea)

Bajamos, por una cuidada rampa con pasamanos de madera, a la arena. Sigo la línea de pleamar, el nivel más alto de la marea marcado en la arena, hacia el acantilado de la derecha. Por el camino me tropiezo con unos arribazones compuestos de ramas y hojas de eucalipto, en asturiano ocalito, árbol ubicuo en la zona con el escaso mérito de acidificar el suelo. En otoño, la playa se llena de arribazones de ocle o caloca, algas rojas, o rodofíceas, que algunos locales recogen para utilizarlos como abono o venderlos para la fabricación de agar-agar, una gelatina utilizada en alta cocina y en microbiología.

Alcanzo la roca oscura de la zona intermareal. Por eso de no dudar en su catalogación, recurro al excelente Mapa Geológico de España, que me dice que se trata de una mezcla de cuarzoarenitas, areniscas blancas y pizarras del Cámbrico Superior, la época de los famosos trilobites.

Un alga parda o feofícea: Fucus spiralis, según identificación de Boreos, Twitter @ButNotForgiven (La Gaceta de Gea)
Sobre la roca aparecen multitud de feofíceas -algas pardas- de la especie Fucus spiralis (Identificación de @ButNotForgiven ¡Muchas gracias, amigo!). Lo toco: es un alga que forma unas cintas duras, coriáceas y resbaladizas, con un nervio muy marcado que me recuerda a las acelgas, aunque puede que éstas estén más ricas, ya que son comestibles y con propiedades anticoagulantes.

Más adelante se hace muy patente la erosión de la roca, que se descascarilla por capas como si fuera una cebolla, lo que indica que existen zonas de roca más débiles entre dichas capas, aunque podría ser causada por abundancia de pizarras. Sobre ella, en toda la zona inundable, aparece una negruzca biopelícula de cianobacterias fotosintéticas, de tacto algo "mocoso".

Roca erosionada por capas (La Gaceta de Gea)
Doblo el promontorio, internándome en otra ensenada rodeada del acantilado y salpicada de rocas redondeadas que emergen de la arena, además de otras más pequeñas procedentes de desprendimientos. Un riachuelo de agua rojiza llama mi atención: quizás se trate de la lixiviación de una vena de óxidos de hierro incrustada en la roca. Llamativo, es.

¿Presencia de óxidos de hierro en la roca? (La Gaceta de Gea)
A la izquierda surgen varias fisuras que responden al patrón de erosión por capas, dos de ellas conducen a la denominada cueva del Oso, grieta vertical y alargada que comunica la playa de La Franca con la colindante playa del Oso, únicamente accesible en bajamar. Me introduzco en la estrecha fisura de muros bastante planos, linterna en mano, internándome en la grieta hasta que una bañera de agua fría me impide seguir, aunque veo la luz al final del túnel, nunca mejor dicho. Salgo por donde entré.

Aventura frustrada en la cueva del Oso, inundada a trozos (La Gaceta de Gea)
Doblo el paredón hacia la izquierda, donde se aprecia la roca arrugada por multitud de diaclasas, pequeñas y grandes, lo que recuerda la piel de los elefantes. La diferencia estriba en que en las fisuras pétreas se acomodan hileras agolpadas de pequeños mejillones (Mytilidae), seguramente buscando cobijo ante la fuerza de las mareas, y miles de pequeñas bellotas de mar (Balanus), organismos filtradores considerados los parientes pobres de los apreciados percebes.

"Piel de elefante", diaclasas tapizadas de bellotas de mar y mejillones (La Gaceta de Gea)
Hacia el oeste, siguiendo la línea costera, se alcanza la playa del Oso, calita idílica únicamente accesible en bajamar mediante un paso que deja, a la derecha, una fotogénica grieta, y, a la izquierda, la formación rocosa conocida como la Cabeza del Gorila, chimenea litoral causada por el hundimiento de un arco costero debido a la fuerte erosión marina. Junto a esta peculiar formación se pueden observar varios callejones de arena entre muros casi verticales, en perfecta alineación este-oeste.

La Cabeza del Gorila, la verdad es que tiene un aire... (La Gaceta de Gea)
Observo una de las rocas que emergen del agua, junto a la Cabeza del Gorila. Adheridas a ella aparecen unas bolas o vesículas brillantes, de color pardo. Acaricio una de buen tamaño, está bastante dura; quizás se trate de la feofícea Colpomenia peregrina, acompañada de varias lapas (Patella) y mejillones. Con cierta dificultad, extraigo una pequeña muestra, de interior blanquecino, para obervarla al microscopio.

Alga globosa junto a lapas y mejillones (La Gaceta de Gea)
Al fondo de la cala, entre dos paredones, aparece un muro de piedra con varias aberturas para la salida del agua. Se trata de uno de los tres muros paralelos de "los Viveros", un vivero marino de marisco ya en desuso. Con la sana intención de explorarlo, me introduzco por un callejón, a la derecha del muro. Me sorprenden dos flechas talladas en la roca, una mirando arriba y otra abajo. Pregunto a un lugareño, el cual me chiva que un vecino con inquietudes empíricas ha marcado el nivel máximo al cual ha llegado la arena de la playa. Da gusto un vecindario tan culto, oiga.

Marcas del nivel de la arena, cortesía de un inquieto vecino (La Gaceta de Gea)
Asciendo varios metros sobre el resbaladizo roquedo. Al llegar a la parte superior me sorprende un pequeño charco lleno de pequeños caracoles (menos de 1 cm), tal vez juveniles de bígaro (Littorina littorea).

Caracolillos en un charco (La Gaceta de Gea)
Alzo la vista; francamente espectacular: los gruesos muros de los Viveros se mimetizan perfectamente con las rocas, contra las que baten las olas dejando un relajante aerosol que huele a yodo y salitre, y que refracta la luz del sol formando pequeños arcos iris. Más allá, un pescador mira despreocupadamente hacia las inhóspitas y salvajes playas del Vivero, Mendía y la Punta Cebollera, con forma de mesa.



Desde el alto se divisa la playa en todo su esplendor paisajístico y geológico; los oscuros acantilados pizarrosos se rodean de montes de eucalipto mientras que, al otro lado de la playa, la gran roca blanquecina conocida como el Castro -otra chimenea litoral- constituye el hito más conocido de la playa de La Franca. Por cierto, consultando el excelente mapa geológico del IGME, vemos que el Castro está formado por calizas micríticas y microesparíticas negras (calizas cuyo espacio intersticial se compone de micritas o microesparitas, una especie de barro que hace de matriz) y calizas fétidas (unas calizas amarillentas que cuando se golpean huelen muy mal) del Viseense. Los espacios entre los gruesos muros de los Viveros albergan montones de cantos rodados, apreciándose las ventanas abiertas entre ellos para que entrara o saliera el agua de la marea. Es fácil imaginarse langostas y demás manjares cultivándose aquí.

Los Viveros, al fondo Punta Cebollera (La Gaceta de Gea)
Me bajo del roquedo y atravieso la playa, hasta llegar al extremo donde las aguas del río Cabra penetran en el mar. Un helicóptero de la Guardia Civil, cual buitre leonado, vuela en círculos alrededor del Castro ¿qué buscará?

El otro extremo de la playa: el Castro, hogar de gaviotas y cormoranes (La Gaceta de Gea)
Sobre la roca caliza se posan multitud de ruidosas gaviotas. En un otero cercano, más elevado, unos ¿cormoranes moñudos? (Phalacrocorax aristotelis), miran hacia todos los lados esperando la previsible zambullida.


¿Cormoranes moñudos esperando el baño? Si alguien tiene una identificación mejor, que lo diga, porfa (La Gaceta de Gea)
Vuelvo recorriendo el cauce del río, recortado en la arena. Veo varias personas mirando atentamente el Castro. Me doy la vuelta y veo un helicóptero de la Guardia Civil posándose en la playa. Descienden un par de agentes y desaparecen tras las rocas cercanas al Castro. Tras unos minutos, emergen acompañados de un flaco y barbudo individuo embutido en un traje de neopreno, con una bolsa blanca a la espalda. "A ese le han pillado con los percebes", aclara un pescador. Al cabo de un rato, los guardias dejan libre al sujeto, que atraviesa la playa saliendo por patas de allí; supongo que tendrá los papeles en regla. Todo un espectáculo y además gratis.

De vuelta por el río Cabra (La Gaceta de Gea)
Ya de camino al poblado de La Franca, una familia de patos rarísimos se acomodan en un prau. Cuando no se conoce la especie, no está mal recurrir a Twitter. Me los identifican Aurora Pimentel, @AuroraPimentel y Pavel Pavelich‏ @ELAULLIDO1: se trata de unos patos negros o criollos (Cairina moschata), de origen mesoamericano. Muchas gracias, majos.

Patos negros o criollos, identificación de @AuroraPimentel y @ELAULLIDO1 (La Gaceta de Gea)
Sin duda, un regalo para la vista que cierra esta entrada por una de las mejores y más interesantes playas del norte de España.

PD: Habíamos recogido una muestra del interior del alga parda globosa. Al microscopio, entre la sustancia blanquecina, aparece este ser que no tengo ni idea de lo que es, pero le gusta eso de rotar. La muestra no lleva portaobjetos y hacía viento, por eso tiembla un poco.


¡Salud!

martes, 8 de enero de 2019

Micropaisajes (y II)

Como quizás recordará el posible lector, en una entrada anterior hicimos un ejercicio de imaginación, asimilando ciertas imágenes tomadas a través de un microscopio a los paisajes que podemos observar en la vida cotidiana. Ejercicio absolutamente subjetivo, por cierto: a cada individuo le podrá sugerir una cosa, paisaje o no, en función de lo que lleve dentro, de su pasado, filias, fobias y circunstancias, como diría Ortega y Gasset. A otros nada en absoluto, no hay problema alguno (siempre que no afecte a su bienestar, claro).

Fuera de divagaciones estériles, seguimos revisando el prestigioso concurso de microfotografía Nikon Small World, comenzando en 2001 con una imagen de Lars Bech: "DL-acetylleucine monoethanolamine melted with p-nitrophenol".

DL-acetylleucine monoethanolamine melted with p-nitrophenol, de Lars Bech
Se trata de una imagen de una mezcla, caliente y recristalizada, de un fármaco bastante complejo con nitrofenol, una sustancia que se utiliza para fabricar pinturas y como fungicida. La técnica de iluminación es el campo oscuro, bastante fácil de conseguir -incluso de forma casera- fabricando un parche redondo y colocándolo bajo el condensador del microscopio. Me recuerda mucho a las hierbas heladas de un amanecer de invierno, de esas que cuando se pisan crujen levemente, dejando el campo suavemente húmedo. Qué bonito, pasemos a la siguiente.

Iris, ciliary body and lens of a canine eye, de James Hayden
Del año 2000 nos llega "Iris, ciliary body and lens of a canine eye", de James Hayden, otra imagen tomada mediante un microscopio de campo oscuro. Se trata de una sección de un ojo de perro (qué grima, oiga), en la que se puede apreciar el cuerpo ciliar, el iris y la córnea, aunque no tengo ni idea de qué corresponde a qué. La interpretación es bastante obvia: un elegante cisne, quizás enamorado de la luna, que abandona por la noche la bandada.

De la cosecha de 1999 nos llega la microfoto "Polypropylene (a plastic) melted with phthalocyanine blue pigment", de Anna Teetsov.

Polypropylene (a plastic) melted with phthalocyanine blue pigment, de Anna Teetsov
Se trata de una imagen, tomada con el microscopio de luz polarizada, de una mezcla derretida y recristalizada de polipropileno, ese famoso plástico, tan denostado actualmente, que sirve para casi todo, mezclado con un pigmento azulado. El resultado es muy espeleológico: la entrada de una galería parcialmente inundada, de esas en las que hay que servirse de una pequeña balsa, quizás en una cueva ignota, lejana; o no tanto, tal vez en la fantástica cueva del Soplao, en Cantabria. La cristalización del plástico no forma cristales afilados, como en la primera imagen de esta entrada, sino masas blandas, amorfas, aquí coloreadas por la ftalocianina.

De la cosecha de 1997 nos llega la sencilla "Crystallized folic acid", de Stefan Eberhard, iluminada mediante polarización, técnica que, como vemos, da muchísimo juego en microfotografía.

Crystallized folic acid, de Stefan Eberhard

Es una cristalización de ácido fólico o, lo que es lo mismo, vitamina B9, sustancia ampliamente utilizada en salud femenina. Semeja un paisaje de mogotes rojizos: me recuerda a algunos de los paisajes más espectaculares de Utah, puede que el Bryce Canyon al atardecer, o no.

Emodin melted with urea, de Lars Bech
Vamos a 1994, con la delicada microfoto "Emodin melted with urea", del ya conocido monstruo de la microfotografía Lars Bech. Es una imagen, a la luz polarizada, de una mezcla recristalizada de emodina, un laxante, con urea, el primer compuesto químico orgánico que fue sintetizado artificialmente mediante la síntesis de Wöhler, experimento importantísimo que terminó sepultando la teoría vitalista, que decía que no se podían fabricar compuestos orgánicos a partir de inorgánicos por carecer éstos de la necesaria fuerza vital.

Desde 1992 nos llega "Gem beryl crystal", de Kari A. Kinnunen, una sección petrográfica del mineral berilo, que se utiliza como gema, iluminada mediante la técnica de Rheinberg, que consiste en la utilización de una serie de filtros de colores bajo el condensador del microscopio.

Gem crystal beryl, de Kari A. Kinnunen
Para realizar microfotografías de minerales es necesario cortar la pieza en una lámina delgada, de tal modo que la luz que incide sobre el mineral desde el condensador del microscopio sea capaz de traspasar la muestra. Me sugiere el paisaje de una ciudad, tal vez Venecia, con sus túneles que comunican pequeñas plazas. O, tal vez, una magna obra de la arquitectura moderna: la capilla de Ronchamp de Le Corbusier, con sus ventanas irregulares. O una ciudad, inventada o soñada, de las que aparecen en Las Ciudades Invisibles, de Italo Calvino; ya encontrará el lector alguna relación.

Retrocedemos a 1990, con la imagen "Thin slab of Brazilian agate", de John I. Koivula, otra microfotografía petrográfica de lámina delgada, esta vez sin tinción óptica, por lo que los colores del ágata son los naturales.

Thin slab of Brazilian agate, de John I. Koivula
Es bastante evidente: podría tratarse del Monument Valley, entre Arizona y Utah. O, barriendo para mi querido -aunque a veces algo tenso- país, las Bardenas Reales de Navarra.

Terminamos esta entrada -y la serie de micropaisajes- con el otro concurso señero de microfotografía: el Olympus Bioscapes, cuya web es mucho menos completa que la de Nikon, por lo que solo pondré un ejemplo.

Geotrupidae (earth-boring dung beetle) antenna, de Jorgen Hellberg
Desde la edición de 2014 nos llega "Geotrupidae (earth-boring dung beetle) antenna", de Jörgen Hellberg. Se trata de una imagen en campo claro, técnicamente sencilla, de la antena de un geotrúpido, un escarabajo negro y rechoncho que se alimenta de excrementos y materia en descomposición. Toda una joya biológica, ya que todo ser vivo que se dedique a recoger y procesar basura es digno de un monumento. La antena se compone de varios segmentos denominados artejos antenales, rematándose en un oŕgano sensorial. No soy capaz de relacionarlo con ningún paisaje pero sí con un objeto: parece un farol bajo de jardín (una seta) de diseño.

Vamos a realizar un microvídeo de polarización. Preparamos una disolución de oxalato de hierro, un polvo de color ocre que se obtiene al tratar el hierro oxidado con ácido oxálico, lo que permite que el óxido se separe del hierro, limpiando la pieza. Dejamos una gota sobre el portaobjetos y dejamos que se seque, para que pueda cristalizar. A unos 220 aumentos del microscopio, cuando se gira el polarizador, aparecen bonitos cristales maclados. No es un micropaisaje, pero ¿qué importa?


domingo, 23 de diciembre de 2018

Rutas vintage: 1926, buscando piedras por el Sur de Madrid (y II)

Como bien puede recordar el posible lector, dejábamos la anterior entrada de esta ruta vintage junto al espléndido y muy poco conocido Puente Largo, a la entrada de la localidad palaciega de Aranjuez. Como se supone que ya hemos pasado casi toda la mañana en los sitios de interés desde Madrid hasta aquí, nuestra guía de 1926 nos plantea el bonito plan de visitar los palacios y jardines de Aranjuez, comer allí y proseguir el recorrido hacia Colmenar de Oreja. Nosotros, sin embargo, vamos a dejar Aranjuez -que merece una entrada aparte- para continuar el recorrido, que es invierno y anochece pronto.

"Por la tarde, después del almuerzo, y terminada la vista de los palacios y jardines, se reanudará la excursión, avanzando por la gran avenida situada delante del jardín del Príncipe, hasta su terminación que existe aguas arriba del colgante, por donde se entró por la mañana." Salimos por la calle de la Reina -vía de dos carriles en lugar de gran avenida- que luego se transforma en la carretera M-305, hacia el explícito Villaconejos. Los meandros del Tajo serpentean entre sotos arbolados, campos de cereal y pequeños viñedos mientras que, a la derecha, se elevan los altos escarpes rocosos del borde de la mesa de Ocaña.

Avanzamos dejando a la derecha el embalse del Embocador, un pequeño azud utilizado para mejorar el regadío de la vega del Tajo. Un poco más adelante, cogemos una bifurcación a la derecha: la carretera M-318 con dirección a Colmenar de Oreja. Un par de kilómetros después nos detenemos a la derecha para observar el barranco.

La silueta del castillo de Oreja, sobre el escarpe, dominando la fértil vega del Tajo (La Gaceta de Gea)

"Sobre unos grandes peñones, junto a una barrancada que desciende de la mesa de Ocaña al río, se ven las ruinas del castillo de Oreja, que defendía antiguamente la barca y el paso del río entre la llanura del Norte y la altiplanicie del Sur". Efectivamente, tras los campos de cereal y el bosque de galería de chopos, sauces y olmos, aparece la sombra recortada de la potente torre del homenaje, del siglo IX.

Seguimos por la M-318: "la carretera tuerce al NE, penetrándose en el nivel litológico de las margas; a la fertilidad de la llanura baja del valle del Tajo, sucede la aridez de las cuestas yesosas; a los cultivos ortícolas (literal) y a los frutíferos viñedos, la estepa, de matas pinchudas, de hojas pequeñas y coriáceas, y de aromas penetrantes; plantas adaptadas para resistir a la sequía, espaciadas, dejando al descubierto la superficie gris del suelo margoso". Solo un apunte a esta exhaustiva descripción: esto parece la estepa de Mongolia, a 40 kilómetros de Madrid; exotismo en estado puro.

Entramos en el pequeño valle de San Juan. Justo antes del acceso de la urbanización homónima -en la que no hay yurtas, únicamente viviendas unifamiliares con parcelita, lo que evidencia el carácter sedentario de sus moradores- y a la izquierda, en una finca vallada y en lo alto de un farallón margoso, aparece un hábitat troglodítico consistente en una serie de habitaciones excavadas en la roca.

El hábitat troglodítico en 1926 (Guía)

Este tipo de poblados, presuntamente de origen prehistórico, son relativamente abundantes en los escarpes yesosos del Jarama, Tajo y Tajuña, y su máximo exponente es el espectacular Risco de las Cuevas, en Perales de Tajuña. En ellos se han encontrado hachas de fibrolita y abundantes restos de cerámica antigua, aunque Hernández-Pacheco nos dice que "hay ciertos pueblos, tales como el de Morata de Tajuña, en que las casas troglodíticas son abundantísimas y están habitadas, no percibiéndose desde el exterior más que las chimeneas."

El hábitat troglodítico en la actualidad (Google Street View)
La carretera sigue ascendiendo por el desértico paisaje. Pasada la urbanización se abandona el valle y el paisaje estepario se transforma en unas suaves ondulaciones salpicadas de manchas de cereal y olivar, del que se obtiene un magnífico aceite de oliva.

Entramos en Colmenar de Oreja por la calle de Aranjuez, el acceso antiguo del pueblo. La guía nos promete que "en el talud de la derecha existen calizas blancas en capas horizontales" y, a la izquierda, "diversos pozos, abiertos para extraer la arcilla empleada en la fabricación de tinajas": de lo primero no he visto nada y de lo segundo una zona vaciada a modo de cantera; podría ser, o no.

Balsas de preparación de la arcilla, para la fabricación de tinajas (Guía)
Avanzamos por la calle Aranjuez, flanqueda por algunos árboles; su pavimento adoquinado hace vibrar el coche. A la derecha surge un pilón con fuente, con su cartel de interpretación: es la fuente de las Pajaritas, de la cual dice que aunque de apariencia apetecible, por la cristalinidad que presenta en el pilón, es la más salobre de todas las del pueblo. Nuestra guía vintage nos cuenta que "por los pozos abiertos en las capas inferiores de las calizas se llega a las de arcilla plástica, la cual, extraída, se trasporta en borricos a las balsas situadas a más bajo nivel que la fuente que brota, como se ha dicho, en el contacto de las arenas pontienses con las margas sarmatienses". Esta fuente parece coincidir con ambas descripciones: la damos por buena. Por cierto, no hay que beber de ella: es un purgante drástico.


La fuente de las Pajaritas (La Gaceta de Gea)
Se nos propone una visita a las fábricas de tinajas de Colmenar de Oreja, de esta forma tan intensa: "Desde las balsas, los expedicionarios se trasladarán a pie a algunas fábricas de tinajas, situadas a la entrada del pueblo". Hoy en día existen unos hornos de tinajas en la localidad, aunque esta actividad ha disminuido significativamente.


Una imagen de la guía capta mi atención: un antiguo lavadero bordea un camino de tierra cuya escalinata parece introducirse en un enorme túnel, excavado contra el murallón de casas típicas apelotonadas. Precioso; hay que encontrarlo, no debe andar muy lejos.

Hay que encontrar este rincón (Guía)
Bajo por la calle del Barranco y ahí está: el lavadero se incorpora a un acertado parque con diversas plataformas y niveles; el silencio del lugar queda interrumpido por el parloteo de unos adolescentes que se arrullan bajo un sauce llorón. El lugar invita, desde luego.

Tras el lavadero aparece la boca del túnel que discurre bajo la armoniosa Plaza Mayor siguiendo el cauce del arroyo Zacatín: es el Ojo del Puente o Arco de Zacatín. Curiosísimo, nunca había visto algo así.

Lo encontramos: el lavadero y el Ojo del Puente (La Gaceta de Gea)

Seguimos: "en el antiguo salón de sesiones del Ayuntamiento, que tiene carácter de época, se descansará un rato, y después de tomar una taza de te se marchará a visitar las canteras". Cómo cambian los tiempos: en esa época te podías plantar en un ayuntamiento y te ofrecían una taza de té. Igualito que ahora, me pasaré por el de Madrid a ver si lo consigo, aunque supongo que tendré que preguntar de ventanilla en ventanilla.

Salimos por la carretera de Valdelaguna, hacia el norte. Tras el cementerio, que aparece a la izquierda, una pista de tierra nos lleva a un enorme socavón: las canteras de piedra caliza de Colmenar de Oreja, abiertas en la pelada llanura. El suelo es arcilloso-calcáreo, de color rojizo, no hay arroyos de importancia, pues las aguas meteóricas empapan las arcillas superficiales de descalcificación, se infiltran en el subsuelo calizo y reaparecen en forma de manantiales en la zona superior de las cuestas que limitan el páramo. El socavón, con una rampa de acceso, presenta tonos ocres y blanquecinos, lo que indica la abundancia de sales de hierro.
Rojizo acceso a la cantera (La Gaceta de Gea)
Con la piedra de esta cantera, según nuestros anfitriones, están construidos el Palacio Real, la Puerta de Toledo, los ornamentos de la Puerta de Alcalá, las estatuas de los reyes godos de la Plaza de Oriente, la Casa de Velázquez, los palacios de Aranjuez y el ya visto Puente Largo. Se nos presenta unas interesantes fotos de oquedades y galerías excavadas en la cantera; no he podido localizarlas, seguramente ya no existan. Al respecto nos dicen los viejos geólogos "la mayor parte de las explotaciones es mediante galerías sostenidas por pilares, formados por las mismas capas de roca; de trecho en trecho, grandes claraboyas permiten trabajar con la luz del día, arrancándose los sillares y piezas por métodos primitivos".

No he podido encontrar estas cuevas, lástima (Guía)
Nos dirigimos a Chinchón, localidad de carácter parecido a Colmenar de Oreja, aunque mucho más turístico. Demasiado, incluso, aunque lo merece: sin duda una de las plazas mayores más bonitas de España, amplia, porticada, con hermosas balconadas. Una maravilla, poco más que decir.

Jolgorio en Chinchón (La Gaceta de Gea)
Enfilamos a Titulcia, la carretera desciende suavemente entre olivares hasta encontrar el arroyo de Carcavillas, que vierte al Tajuña. Justo antes de cruzar el río sale un camino a la izquierda que nos deja junto al puente y presa del Molino Caído, una obra hidráulica absolutamente olvidada, llena de basura y dejadez. Aún es posible -veremos lo que dura- visitar el mecanismo de la presa de compuertas, que sirve para desviar las aguas del Tajuña a un canal de riego de las huertas cercanas.

Presa de compuertas de Molino Caído (La Gaceta de Gea)
Llegamos a Titulcia, localidad de nombre romano situada sobre un potente espolón de margas yesíferas que mira al río Jarama. Nuestra guía nos cuenta que "aún existen casas troglodíticas excavadas en los bancos margosos, siguiendo la vieja costumbre de las épocas prehistóricas".

Titulcia sobre el escarpe (La Gaceta de Gea)
Finaliza nuestra excursión vintage en Ciempozuelos, al otro lado de la vega del Jarama. Nuestros anfitriones loan la Plaza Mayor, que "presenta carácter típico y pintoresco", al gran arquitecto Ventura Rodríguez, oriundo de esta localidad madrileña, y a las casas troglodíticas que aquí había, que la cabra siempre tira al monte.

Nuestros amigos Eduardo y Francisco cierran el recorrido de forma poco lírica, una rareza para la época: "una distancia de cuatro kilómetros separa a Ciempozuelos de la carretera general de Madrid a Andalucía, recorrida en la ida hacia Aranjuez, por donde se regresará a Madrid, distante 25 kilómetros del empalme".

Hasta la próxima, caballeros. Un placer.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Trogloditas por el mundo (I)

De vez en cuando, el paisaje nos sorprende con cuevas, abrigos o agujeros sospechosos de que puede haber bicho. Con mil, cien, ocho, seis, cuatro o dos patas, esto suele ir por pares. Desde el principio de los tiempos, los animales bípedos han gustado de las oquedades por razones bastante obvias: los Homo sapiens siempre se han llevado mal con los elementos atmosféricos o faunísticos y, de paso, también con los elementos de otras tribus, razas o incluso especies, ya que no hay que olvidar a neandertales, denisovanos y demás pobres diablos. Seguramente por razones identitarias, el hecho diferencial; ya nos conocemos todos.

Sin embargo, el motivo más importante de todos es el estrés climático, que incluye la gran oscilación de temperaturas entre el día y la noche o entre las estaciones del año, así como la variabilidad de los vientos, la radiación intensa y la reflexión del suelo, aspectos que suelen ser más extremos en las zonas más áridas del planeta.

Trogloditismo madrileño antiguo de calidad: el Risco de las Cuevas, en Perales de Tajuña, Madrid (La Gaceta de Gea)
De alguna forma, se usa el término troglodita de forma despectiva: seres cultural y tecnológicamente primitivos. Sin embargo, hoy en día algunos pueblos o comunidades prefieren los hábitats troglodíticos por sus ventajas climáticas, su mejor protección ante fenómenos naturales o simplemente para ahorrar terreno y poder dedicarlo a la agricultura. Por tanto, vamos a hacer una incursión teórica en la casa del troglodita, la caverna, pero no en las naturales sino en las artificiales. Del trogloditismo arquitectónico a lo largo del tiempo, examinando los diseños más interesantes de hábitats subterráneos empleados en algún momento de la Historia o, incluso, en la actualidad.

La primera tipología es la catacumba, únicamente usada en el pasado, afortunadamente. Consta de una serie de galerías con huecos para tumbas, en el caso de que fueran construidas con función funeraria. Hay otros usos para las catacumbas: lugares de refugio, oración e incluso vivienda. Un ejemplo de este último -si se pueden llamar catacumbas- son las misteriosísimas ciudades subterráneas de la Capadocia, de las que ni siquiera se conoce la razón exacta de su construcción, aunque se supone que era para que los cristianos bizantinos de los siglos VI y VII dC no cayeran en manos de persas y árabes. He tenido la suerte de visitar la de Kaymakli, con sus múltiples niveles -todos ventilados- repletos de habitaciones, cocinas y rudimentarios baños: la sensación es indescriptible, una mezcla de claustrofobia y asombro ¿Tan chungos eran sus enemigos como para montar esta extravagancia? Viviendo entre 3.000 y 50.000 personas allí abajo y sometidos a una gran presión ¿cómo no se mataron entre ellos? Demasiadas preguntas y pocas certezas: impresionante.

Ciudad subterránea de Kaymakli, en la Capadocia (Aydin Goreme Travel)

Nos vamos a Túnez. En las llanuras y en las altitudes más bajas de la zona montañosa del sur del país todavía viven, de forma troglodítica, varios miles de personas de origen bereber. En la localidad de Matmata, las unidades habitacionales son accesibles desde un gran patio circular, excavado de 50 a 80 metros bajo el nivel del suelo, fácilmente tallable por estar compuesto de capas alternas de caliza dura y blanda, por lo que las habitaciones se excavan en la caliza más blanda. Los animales, sin embargo, se mantienen en el exterior, y el grano se almacena en unas estructuras semicirculares por encima del suelo, ya que las cavernas no proporcionan la correcta ventilación y secado del mismo.

Casa troglodítica de Matmata, Túnez (Wikimedia Commons)
El diseño general de estas estructuras es el siguiente: las habitaciones rodean el gran patio hundido y son accesibles mediante escaleras o túneles a diferentes alturas. En las paredes de estos túneles hay espacios para alojar animales pequeños, a modo de despensas. Las habitaciones presentan techos abovedados, son rectangulares y curvadas en las esquinas, midiendo de 2 a 2,5 metros de lado.

Ghorfa en Ksar Medenine, Túnez (Wikimedia Commons)
En algunas unidades subterráneas los bebereres construyeron, antes de la invasión de los árabes -sobre tierra y para almacenar grano- las interesantes ghorfas. Se trata de estructuras talladas en la piedra cuyas fachadas forman líneas de nichos unidos por escaleras y rematados de forma abovedada, algunas de ellas de más de seis pisos de altura. Tras la invasión árabe, en el siglo VII dC, las ghorfas se usaron con propósito defensivo, alojando pueblos enteros en caso de necesidad, para lo que construían cisternas de abastecimiento de agua dentro de las estancias. Al pacificarse el asunto, los bereberes volvieron a sus viviendas excavadas en el suelo y dejaron las ghorfas para su uso tradicional. Por cierto, una agrupación de ghorfas se denomina Ksar; de hecho varios pueblos del sur de Túnez se llaman así, por lo que es fácil inferir su posible interés turístico.

Próxima parada: China. En el norte del país, con su clima semiárido, sujeto a importantes sequías así como temperaturas extremas, viven miles de trogloditas en sus yaodong desde el siglo IV aC, especialmente en las provincias de Henan, Kansu, Shaanxi y Shanxi. El suelo de limo arcilloso, denominado loess, posee una gran porosidad, por lo que retiene bien la humedad, creando un microclima subterráneo más húmedo, fresco y agradable. Además, se trabaja muy bien y permite la construcción de muros verticales y techos horizontales, lo que facilita el hábitat subterráneo.

Yaodong en la provincia de Henan, China (cgtn.com)
Consta de un patio cuadrado, excavado en el loess, a partir del cual se distribuyen las estancias. El acceso al patio se produce por medio de una escalera, marcada normalmente con un árbol, que lleva a un túnel perpendicular al patio. La diferencia principal con el hábitat tunecino es que el chino es más compacto y está mejor organizado espacialmente. Una curiosidad es que las habitaciones tunecinas poseen las esquinas redondeadas y las chinas esquinas rectas.

Regresamos a la Capadocia para visitar el valle de Göreme, de visita absolutamente imprescindible. Un paisaje extremadamente dramático por gracia de sus famosas chimeneas de toba volcánica, de formas cónicas, que forman extensos e inolvidables paisajes puntiagudos, dorados a la luz del atardecer y ocupados desde el año 2300 aC hasta la actualidad.

Museo al aire libre de Göreme, Capadocia, Turquía (Wikimedia Commons)
Hay conos pequeños, de una o varias viviendas, y conos de grandes dimensiones donde se agolpan multitud de ellas, y que no dejan de recordarme a los enormes termiteros africanos.

Finalizamos esta primera entrada dedicada al trogloditismo en el sur de Italia, más concretamente en las regiones de Apulia y Basilicata; en la primera los hábitats troglodíticos aparecen en zonas kársticas, formadas por piedra caliza y, en la segunda, estos asentamientos se localizan en terrenos volcánicos de toba, de forma similar a la Capadocia.

El hábitat de Ginosa, Apulia, Italia (pinterest)
En Apulia tenemos el pueblo troglodítico de Ginosa, tallado en un acantilado, sobre el que descansa el poblado actual. Consta de cuatro niveles de casas, dispuestos de forma aterrazada.

Poblado de Sassi en Matera, Basilicata, Italia (italiannotes)
En la región de Basilicata se ubica el más turístico poblado troglodítico de Sassi di Matera, ocupado desde aproximadamente el año 1500 aC hasta principios del siglo XX. En lo alto de un profundo farallón surgen hileras aterrazadas de viviendas excavadas en la roca y, por encima de ellas, aparece el poblado nuevo, de forma similar a Ginosa.

Aquí damos por finalizada la primera entrega de Trogloditas por el Mundo; en la segunda seguiremos analizando ejemplos de este modelo de hábitat tan imbricado en el inconsciente colectivo: casa, refugio, seguridad, protección, contacto íntimo con la Naturaleza.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Rutas vintage: 1926, buscando piedras por el Sur de Madrid (I)

Con esta entrada comenzamos una nueva sección del blog: las rutas vintage. Bajo ese anglicismo (en un principio iba a denominarlas rutas retro, pero ese término se podía confundir con retroǵrado, lo que no define precisamente el concepto) se esconde una excursión guiada por una guía de viajes antigua o, por lo menos, de antes de 1990, por poner una fecha. De esta forma, podemos observar el paisaje de dos formas distintas, apreciando los cambios que han sucedido en el mismo a lo largo de las décadas. No es, en absoluto, un ejercicio de absurda melancolía; el que suscribe no comulga con esa filosofía porque cree sinceramente que el mundo va mejorando, aunque con riesgos existenciales graves que el lector se podrá imaginar por su cuenta y que habrá que ir solucionando según vaya sucediendo lo peor. Ya se sabe que el ser humano es absolutamente reactivo y nada proactivo, qué le vamos a hacer.

Volviendo al tema, no sé si el posible lector recordará la entrada en la que tratábamos el paisaje según la visión del insigne naturalista Eduardo Hernández-Pacheco. Pues bien, vamos a seguir una ruta geológico-paisajística por la zona sur de Madrid acompañados de la Excursión B-3 del XIV Congreso Geológico Internacional, celebrado en Madrid en 1926 y titulado Aranjuez y el Territorio al Sur de Madrid, cuyos autores son don Eduardo y su hijo Francisco, otro patanegra de la ciencia española.

Guía vintage y anotaciones (La Gaceta de Gea)
El objeto de la excursión era "reconocer el terciario de facies continental de la cuenca del río Tajo, examinándose los depósitos miocenos que cubren gran parte de la meseta española". Se refiere a los afloramientos de rocas sedimentarias de las cuencas formadas en el periodo mioceno, constituidas esencialmente de margas y yesos, donde existen importantes yacimientos de sales de sodio (sales sódicas). Ya nos cuentan nuestros queridos anfitriones:

"Se recorrerá la llanura que se extiende al Sur de Madrid, constituida principalmente por margas yesíferas con abundantes yacimientos de sales sódicas; las cuestas de vegetación esteparia; las vegas del Tajo, del Jarama y del Tajuña, con sus extensos viñedos y frondosas arboledas que en Aranjuez constituyen deleitoso oasis; las planicies altas del páramo, correspondientes al mioceno superior; pudiéndose hacer cargo los excursionistas, no tan solo de la constitución geológica del país, sino de la vegetación espontánea y cultivada que le cubre."
Mapa de la ruta (Guía)
El itinerario parte del madrileño puente de la Princesa, sobre el río Manzanares, entre la plaza de Legazpi y la calle Marcelo Usera. Ya nuestra guía nos dice que "a la izquierda quedan las edificaciones del Matadero", en la actualidad un interesante centro cultural; y que "se descubrió a tres kilómetros aguas arriba, junto a la fábrica de electricidad situada entre los antiguos puentes de Toledo y de Segovia, y a un metro sobre el nivel de las aguas, un yacimiento de mamíferos en una capa de caliza blanca margosa". Esta fábrica seguramente estuviera localizada en el edificio situado en el cruce de las calles Manzanares y Mazarredo, actualmente un espacio de oficinas y emprendimiento digital.

¿Será ésta la fábrica de electricidad entre los puentes de Toledo y Segovia? Si alguien conoce la respuesta que se manifieste, por favor (La Gaceta de Gea)

Tras este prólogo, cogemos la antigua carretera general Madrid-Cádiz, actualmente la autovía A-4, que abandonaremos a la altura de Seseña. Vamos a a explorar el territorio por puntos kilométros, tal y como aparece en nuestra guía vintage. Lo escrito en la guía aparece entre comillas y en cursiva, para que se note. Por supuesto, si algún experto en la materia quiere corroborar o corregir amablemente algo, bienvenido sea; se reflejará en el blog lo antes posible.

Posición de los aluviones del Km. 5
Kilómetro 5.- "A la izquierda, poco antes del paso a nivel, cerca del río, se encontraron en los aluviones cuaternarios instrumentos del paleolítico inferior, tallados en sílex, junto con algunos restos de mamíferos cuaternarios". Esa posición puede corresponder, actualmente, a la calle Anafil y el túnel de la calle Perales, que pasa por debajo de la vía férrea.

Kilómetro 8.- En "el pequeño pueblo de Villaverde, en los terrenos de la izquierda, cerca del río, se encontraron hace unos meses, entre las arenas de la base del cuaternario, algunos restos de la osamenta de un Bos primigenius Boj". Es difícil estimar la posición donde encontraron los huesos del extinto uro euroasiático, aunque podría corresponder a la zona de la estación de cercanías de Villaverde Bajo.

Kilómetro 13.- "A la derecha, el pueblo de Getafe y un campo de aviación. A la izquierda, el cerro de los Ángeles". Aquí comienza nuestra investigación de campo.

Dos paisanos descansando junto a la antigua carretera nacional. Al fondo, el cerro de los Ángeles, en Getafe (Guía)
Ascendemos al otero atravesando un bonito pinar. Una música celestial, a todo volumen -de esas capaces de enviar al más descreído al redil, por agotamiento sensorial- nos recibe en la amplia explanada, bajo el Sagrado Corazón. Qué bello es el silencio, oiga. Busco, según indicaciones de la guía, los restos de la antigua torre telegráfica, perteneciente a la antigua línea Madrid-Reales Sitios, en el extremo norte del cerro. Lo único que encuentro es un zócalo justo al norte de la cafetería, podría ser.

La torre telegráfica, hoy desaparecida, y la ermita del Cerro de los Ángeles (Guía)
La guía nos dice que "corona la parte septentrional de la colina, sobre la que está edificada la ermita de la Virgen de los Ángeles, un tramo de dos a tres metros de espesor, que sirve de base al santuario; tramo compuesto por una roca, en la cual se mezclan masas de sílex y sepiolita, y formaciones concrecionadas y arriñonadas de calcedonia". Como era de esperar, ese zócalo ya no existe.

Antiguo monumento al Sagrado Corazón del cerro de los Ángeles. Al fondo, la ermita (La Gaceta de Gea)
Enfilamos la autovía A-4 hacia el sur, pasando sobre el cauce del arroyo Culebro, donde había unas antiguas canteras de yeso, ahora cubiertas por edificaciones industriales. Llegamos a Valdemoro.

Kilómetro 27.- "Pasado el pueblo de Valdemoro, una vallonada transversal cruza la carretera. A uno y otro lado, canteras de yeso, con buenos cortes en ellas y en los desmontes del camino, en los que se observa la estratificación horizontal de los bancos de yeso y margas". Efectivamente, este ámbito corresponde actualmente al polígono industrial "Las Canteras"; todavía quedan restos de una cantera junto al campo de tiro de Valdemoro. El paisaje es suavemente alomado, salpicado con manchas de olivar y pinar, además del secarral de turno.

Paisaje junto a las antiguas canteras de Valdemoro (La Gaceta de Gea)
Dejamos la A-4 por la salida 37, descendiendo la denominada Cuesta de la Reina y cogiendo la carretera M-305 con dirección a Aranjuez.

Kilómetro 38.- "Al llegar a la base de la Cuesta de la Reina, se cruza el canal del Jarama, e inmediatamente está la estación de Seseña, en la vía férrea de Madrid a Andalucía" . Después de dejar la autovía llegamos a una curva pronunciada, donde observamos el canal del Jarama, que se esconde bajo la carretera. Pasado el desvío a Ciempozuelos hay una nave industrial y, junto a ella, la antigua estación de Seseña, hoy abandonada. Es una pena: como restaurante o bar de tapas no quedaría nada mal, estando tan cerca de un foco turístico como Aranjuez. Ahí queda.

La antigua estación de Seseña, mi voto para restaurante (La Gaceta de Gea)
Cogemos la carretera M-307 hacia Ciempozuelos. Pasado el puente sobre la vía férrea sale un camino a la izquierda, que continuamos hasta llegar a una finca utilizada como escuela de hípica, donde dejamos el coche. Giramos a la izquierda y llegamos a las históricas salinas de Espartinas, nombre que alude al esparto, material muy utilizado en artesanía.

Posición de las salinas de Espartinas. Izda: 1ª edición del Mapa Topográfico Nacional 1/50.000; dcha.: mapa actual

El paisaje es desolado, seco, estepario, tremendamente hostil: sobre la tierra rojiza sólo crecen matas leñosas y yerbazales xerófilos, acostumbrados a la sequedad. Las especies más ubicuas son el esparto (Lygeum spartum), la saladilla (Atriplex glauca), el gualdón (Reseda suffruticosa), la aulaga (Genista scorpius) o el tomillo salsero (Thymus zygis), entre otras. Por cierto, por todo el paraje hay basura -mierda, que nos entendamos- para aburrir, detalle que evidencia el nivelazo de algunos de los que por aquí pululan.


Vista de las salinas (Guía)


En estas salinas, el malagueño -grandes personajes nos ha traído mi querida Málaga- Rafael de Rodas descubrió, en 1826, la thenardita, un mineral compuesto de sulfato sódico; también aparece la glauberita y otros minerales en menor cantidad. Las aguas que brotaban de la base de la cuesta salían saturadas de estas sales, se recogían por dos galerías excavadas en la ladera y, mediante canales, esan conducidas a las balsas -de madera igual que los canales- donde se depositaba la sal en verano, ya que en invierno el compasto (masa endurecida de sales) se recogía en la propias galerías. En la actualidad se puede apreciar lo que queda de una balsa de evaporación, delimitada por unos marchitos maderos verticales, así como restos de galerías en la ladera. Junto al arroyo Valdelachica hay varias cuevas, similares a las encontradas en otros entornos cercanos. Más allá de la balsa aparece un regato con costras de sal; recojo una muestra para observarla al microscopio.

Lo más patente que queda de las salinas: la balsa de evaporación rodeada de maderos (La Gaceta de Gea)
Dejamos este decadente y sucio lugar conociendo su importancia histórica, para dirigirnos otra vez hacia la M-305.

Kilómetro 40.- "Se atraviesa el Jarama por un hermoso puente de caliza blanca de Colmenar de Oreja. Consta de 25 arcos iguales y tiene espaciosa entrada y elegantes pretiles"

El Puente Largo, sin la vegetación que actualmente oculta parte del puente (Guía)
Pasado el Puente Largo, dejamos el coche en un espacio junto a la rotonda, para observarlo. Es un puente magnífico, construido en 1761 por el arquitecto cántabro Marcos de Vierna. En la actualidad hay mucha vegetación y maleza en las riberas del Jarama, por lo que me quedo con la foto antigua. Aún así, se pueden admirar sus potentes tajamares semicirculares que dividen sus 25 bóvedas de medio punto.

Terminamos así la primera entrega de esta ruta vintage. En la siguiente visitaremos el valle del Tajo, descubriendo la geología y el paisaje de la vega madrileña.

Continuará...

PD: Habíamos recogido una muestra de agua salina en Espartinas. Agito la muestra acuosa para llevarla a saturación y deposito unas gotas sobre el portaobjetos. Ya seco, lo observo bajo el microscopio de polarización: sobre una miríada de pequeños cristales informes destacan grandes cristales que parecen las pirámides de Giza desde el cielo ¿será la thenardita?. Si alguien lo sabe, que se pronuncie, porfa.

Vista de la cristalización del agua de Espartinas, a la lupa binocular (La Gaceta de Gea)
Cristal piramidal, 50x con microscopio de polarización, de la muestra de agua de las salinas de Espartinas (La Gaceta de Gea)

Incursiones cotidianas: arquitectura de una playa invernal

Una de las actividades más placenteras -al menos para el que suscribe- es un paseo invernal por una playa desierta. Y si es un playazo, mejo...