miércoles, 5 de febrero de 2020

Impactos ambientales: el esquí (I)

Comenzamos una nueva sección en nuestro blog: los impactos ambientales. No se pretende, con esta sección, demonizar nada, ni siquiera a nosotros mismos ya que todos, queramos o no, ejercemos una presión sobre el medio.

Sin embargo, es bueno recordar las actividades que se pueden disfrutar al aire libre, de forma que estimemos una gradación -siempre sujeta a discusión- de las que más y menos agreden al medio, por pura curiosidad malsana. O por investigar, influir o incluso adoctrinar, aunque ésto último no me lo creo mucho, por la escasa proyección mediática de este blog. Y que yo prefiero que la gente piense un poco, tenga algo de independencia, lo consulte con la almohada. Y si ésta responde, tanto mejor.

Comenzamos esta serie con un deporte invernal muy popular, mediático y que reparte mucha pasta en ciertas zonas de alta montaña: el esquí en todas sus modalidades.

Estación de Valdesquí, entre Madrid y Segovia (Wikipedia)
Ciertamente, el esquí es una actividad humana antigua, tanto como la propia caza, ya que el hombre ha necesitado desplazarse en todo tipo de terrenos, en medios hostiles como los territorios nevados y helados, más abundantes en tiempos pretéritos que en la actualidad, cortesía de nuestro querido e ignorado cambio climático. De hecho, el ser humano ya sabía desplazarse de esta forma antes de la invención de la rueda, allá por el cuarto milenio antes de Cristo. De hecho hay evidencias arqueológicas, corroboradas por algunos historiadores griegos como Plinio o Heródoto, que mencionan rudimentarias raquetas, pieles o calzados especiales. En el norte de Noruega, más concretamente en la isla de Rooya, se encuentra uno de los testimonio más antiguos del uso de esquíes en forma de petroglifo.

Petroglifo de la isla de Rooya, en Noruega, ahora vandalizado (Smithsonianmag)
Desgraciadamente, el lugar ha sido vandalizado y destrozado por unos simpáticos jóvenes. Como vemos, esto no ocurre únicamente en España, sino también en determinados países que fardan de civilizados, de hygge, de minimalismo guay, de sociedades fetén. Aquí todos tenemos defectos, unos y otros, en nuestra civilizada Europa. Si no que se lo digan a los de las islas Feroe, con sus carnicerías de ballenas.

Hablando de arqueología, en Hoting (Noruega) apareció un trozo de madera de 4.500 años de antigüedad, supuestamente un esquí, aunque algunos autores sostienen que el primitivo esquí se originó en Asia Central, en la región de Altai, desde donde radió a otros lugares.

Ya en la época contemporánea, las primeras carreras de esquí se celebraron en Noruega entre 1850 y 1860, tras las innovaciones de Sondre Nordheim realizadas en Telemark.

Nordheim esquiando al estilo Telemark (historia del esquí)
 A partir de este momento empezó a popularizarse este deporte, gracias a la travesía de Nansen en 1888, a través de Groenlandia, toda una gesta de este gran personaje. Después hubo otros pioneros, como Mathias Zdarsky o Arnold Lunn, el inventor del slalom, en 1911. Desde entonces se han creado federaciones y multitud de campeonatos, lo que ha generado una gran afición de carácter puramente estacional. En todo el territorio español existen más de 40 estaciones de esquí alpino y de fondo.

Hay multitud de modalidades de esquí, la más conocida (y agresora del medio) es el esquí alpino, ya que depende de la estaciones de esquí. Esta modalidad se desarrolla en pistas descendentes de diferente dificultad, de muy fáciles (verdes), fáciles (azules), difíciles (rojas) y muy difíciles (negras). Para acceder a la parte superior de estas pistas es imprescindible la ayuda de los remontes mecánicos, con telesillas, telesquís y telecabinas.

También tenemos el esquí de travesía, que es un paseo, más bien horizontal, por el campo nevado, sin ayudas. Muy parecido al puro montañismo, y no tan lesivo para el medio ambiente. Otra modalidad parecida es el esquí de fondo o nórdico, en el que el deportista se desliza con esquíes y bastones por circuitos ya trazados. Para ello también existen estaciones especializadas. Hay otras modalidades menos conocidas y practicadas:  snowboard,  monoesquí, heliesquí, motoesquí, Telemark, trineos o parapente con esquíes. Nos vamos a centrar especialmente en los impactos del esquiador alpino y de fondo y, especialmente, en las estaciones de esquí.

En invierno, el suelo de algunas zonas en altitud se cubre de una gruesa capa de nieve, que lo protege de las actividades humanas de otras épocas del año. De la misma forma, también la vegetación queda protegida y aislada del viento gélido y las bajas temperaturas, favoreciendo su conservación y "descanso". Sin embargo, todas las benéficas propiedades protectoras de la nieve únicamente ocurren cuando su espesor es suficientemente grande.

Gruesa capa de nieve en Sierra Nevada (Pixabay)
Sin embargo, en la línea de árboles, zona de transición entre la vegetación baja de alta montaña, cubierta, y los grandes árboles alpinos, el espesor de la nieve desciende, y algunas plantas afloran sobre la nieve. Aquí es donde los jóvenes y tiernos rebrotes pueden ser arrancados por los esquiadores, cuando pasan por lugares cercanos a este límite, lo que incide en la correcta regeneración del bosque, y en la huida del los animales que allí viven, por la desaparición de su hábitat. Un ejemplo sería el topillo nival o neverón, que puede vivir cerca de estos entornos, en Sierra Nevada o en el Sistema Central.

El topillo nival, un auténtico superviviente (El Guadarramista)
Esta fauna también puede verse afectada por la práctica del esquí fuera de pistas o caminos acondicionados para esta actividad. El invierno es un periodo crítico para muchas especies animales, ya que la temperatura es muy baja y escasea la comida. Algunas han resuelto el problema hibernando, reduciendo su metabolismo al mínimo, lo que les permite vivir a expensas de sus reservas de grasa durante los meses invernales.

Otros animales presentan diferentes estrategias, como ralentizar sus actividades vitales con el fin de ahorrar el máximo de energía.

De esta forma, la presencia continuada de esquiadores en su hábitat puede resultar en la huida del animal y abandono de su refugio, con el gasto energético extra que esto le supone, lo que compromete su propia supervivencia.

Esquí de fondo en España (Mundo Deportivo)
Según algunos estudios realizados en países alpinos, la incursión de esquiadores en algunos bosques ha provocado alteraciones en determinadas poblaciones de urogallos, rebecos y corzos. En España este hecho no es tan habitual debido a que las prácticas de esquí suelen confinarse a las propias estaciones.

En cuanto a la práctica del esquí en pista o circuitos señalizados, los esquiadores pueden causar escasos daños, puesto que el impacto ambiental ya se ha producido antes, durante la fase de construcción de las mismas. De todas formas, en España tenemos el problema ubicuo, que comparten esquiadores, excursionistas, ciclistas, cazadores, organizadores de carreras y todo lo que se menee en el campo, es el abandono indiscriminado de basura. Es, por ello, necesario tener presente que toda la basura dejada sobre la nieve emergerá milagrosamente cuando ésta ya no exista, dejando un panorama verdaderamente desolador, ya que la materia orgánica y los restos biodegradables tardan mucho más en descomponerse en suelos nevados.

Volveremos a insistir sobre el impacto ambiental del esquí en una próxima entrada dedicada a las estaciones de esquí, lugar de peregrinaje de tantos y tantos aficionados.

lunes, 20 de enero de 2020

Elogio de lo pequeño (II)

Continuamos nuestra anterior entrada "Elogio de lo pequeño", que finalizamos mostrando el juego que dan las preparaciones microscópicas ya preparadas, valga la redundancia, ya sea compradas nuevas, en tiendas especializadas, o antiguas, en plataformas como Ebay. Para los novatos recomiendo adquirir las primeras, en las que suele rotularse cada preparación con el especimen, tipo de sección y de tinción, entre otros datos.

Por cierto, no he hablado todavía del arte de la tinción, que no es otra cosa que teñir, con diversos colorantes, nuestro espécimen, de forma que se resalten algunos componentes del mismo. Los colorantes básicos más utilizados son el azul de metileno, eosina, violeta de genciana, fucsina, safranina y Lugol. El azul de metileno, por ejemplo, puede teñir organismos sin matarlos, conociéndose esta técnica como coloración vital. También se puede dar rienda suelta a la imaginación y teñir con tinta china, de bolígrafo, colorantes alimentarios, pinturas varias y demás productos. Aquí es donde la ciencia deja paso al arte ¡quizás algún lector descubra una tinción que sirva para alguna novedosa aplicación!

Muestra teñida (Wikipedia)

Seguimos con los especimenes muertos, que son pocos y cobardes. A partir de este momento, todas las imágenes y vídeos están tomados por un servidos, con su modesto, algo arcaico pero eficaz equipamiento.

Y no hay nada más muerto que un producto químico. Aunque no tan muerto, oiga, porque si ese producto se disuelve en agua, se deposita sobre el portaobjetos y se deja secar, suele cristalizar de una manera u otra, dejando bellísimas maclas de colores cuando se observan al microscopio de polarización. Veamos algunos ejemplos.


En este vídeo podemos apreciar ácido ascórbico recristalizado sobre el portaobjetos. Al girar el filtro polarizador, del microscopio de polarización, vemos cómo los cristales van cambiando de color, según las características de sus diferentes moléculas, creando un efecto muy estético. Incluso, me atrevería a decir que se puede hacer arte, como demostré en las entradas Micropaisajes (I) y Micropaisajes (II).

Otro ejemplo, más llamativo, es la cristalización del oxalato de hierro, producto que obtuve al limpiar hierro oxidado con ácido oxálico. Simplemente se diluye una pequeña cantidad del polvo naranja en agua, se deja una gota en el portaobjetos y voilá, un precioso mosaico multicolor que se obtiene girando el prisma polarizador del microscopio.


Dejamos los especímenes inertes para centrarnos en la observación in vivo. Indudablemente es mucho, muchísimo, lo que se puede observar en una gota de agua bien escogida. Casi en cualquier muestra de agua -exceptuando la del grifo y el agua embotellada- posee microorganismos dignos de observación. Hay que buscar, especialmente, aguas naturalmente "sucias", con detritos y materia orgánica en descomposición: muestras de estanques, lagunas con vegetación de ribera, pilones de fuentes, abrevaderos, charcos de aguas turbias y demás. Estas muestras son especialmente valiosas en primavera, cuando miles de millones de algas colonizan la superficie de las aguas más eutrofizadas.

Comenzamos con lo más abundante que uno se puede encontrar en nuestra querida gota: algún ciliado. Los hay de todas la formas y tamaños posibles, desde el famoso paramecio hasta ejemplares de formas extrañas, incluso poligonales, que bien parecen cualquier otra cosa antes que un animal minúsculo. Incluso, ¡creo que no sería muy difícil encontrar una nueva especie!

Observemos un hermoso paramecio al contraste de fases. Se trata de un organismo muy interesante, especialmente por su vacuola pulsátil.


De vez en cuando se pueden observar ciliados curiosos, como este posible Linolotus (es difícil tener plena seguridad con tal cantidad de especies, ya lo comprobará el lector si se aficiona). Así, en imágenes, es difícil hacerse una idea del gran interés de los ciliados y otros protistas microscópicos, ya que lo más curioso e hipnótico es, sin duda, su comportamiento.

Posible Linolotus, al contraste de fase (La Gaceta de Gea)
Vamos a observar este singular animalillo en el siguiente vídeo. Sus movimientos -salvando las distancias- recuerdan vagamente a los de una comadreja olisqueando en el campo ¡cuánta ternura puede despertar un organismo tan sencillo!


Vamos a dejar los ciliados para introducirnos en uno de los animales microscópicos más comerciales: la ameba. Es un organismo que suele habitar los fondos de las charcas, donde se dedica a buscar alimento entre los detritos, mediante sus famosos pseudópodos.

Algunas amebas pueden causar enfermedades, pero no es lo habitual. Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos tenido contacto con estos animales tan abundantes ¡y aquí seguimos! Por tanto, que no cunda el pánico. Aquí observamos una hermosa Amoeba proteus buscándose la vida, al microscopio de contraste de fase.


En una próxima entrada seguiremos mostrando más maravillas microscópicas extraídas de mi archivo personal. Espero que el posible lector quede interesado por este aparato que es símbolo de la ciencia, de la curiosidad y del deseo, casi infantil aunque profundamente humano, de ver lo que no se ve, de atisbar lo que se intuye, de poner luz en la tiniebla.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Elogio de lo pequeño (I)

En alguna ocasión me han preguntado -la última mi compañero @cronicasdefauna, en GeaXplora- ¿por qué te gusta tanto observar cosas al microscopio? Buena pregunta, me respondo a mí mismo antes de contestar. Y es que no es una pregunta fácil, como tantas otras que implican la intimidad de uno. Yo suelo responder que me relaja, porque es cierto. Únicamente a mí; no creo que muchos de los organismos que observo estén precisamente relajados. Quizás más ocupados en su propia supervivencia, en sus cortísimas vidas, en su propia fragilidad, de la que probablemente no sean conscientes ¿o sí?

Anton van Leeuwenhoek, el padre de la microscopía (El microscopio y sus secretos, Ed. Bruguera 1969)
Tal vez mi motivación sea esa: comparar mi privilegiada vida de humano autoconsciente -a veces- con la de estos pequeños seres inocentes, que creemos inferiores a nosotros ¿lo son en realidad? Yo no lo tengo tan claro, al menos en su esencia. No sabemos si son conscientes de sí mismos; ni siquiera si un perro o un gato sabe de su existencia, si se mira al espejo y se dice a sí mismo "ese soy yo, con mis manchitas, mi rabo, mi historia y mis creencias irracionales" Un ser humano no se puede poner en la piel de un individuo de otra especie; a veces, ni siquiera, en la de uno de la propia ¿cómo estar seguro? La ciencia no llega a descubrir el problema de la consciencia, valga la redundancia. Ojalá lo haga algún día.

Como eso es verdadero y sumamente cierto -eso creo- yo digo y repito que todos los seres vivos tienen autoconsciencia a su manera, y punto pelota, zanjo la discusión. Al que no le guste que abandone, por su propio bien, esta página.

Ya finalizado el monólogo filosófico, diré que lo que más me mueve es la curiosidad, innata en mí. Doy gracias por tenerla sin duda alguna, aunque, a veces, la curiosidad mata al gato, ya se sabe. Aún recuerdo, con cierta nostalgia impropia en mí, mi primer contacto con la microscopía, a través de un maravilloso libro que mi madre me compró en la extinta Galerías Preciados de la calle Goya de Madrid, donde ahora se encuentra El Corte Inglés.


Con sus preciosas láminas a color, me impactó de tal forma que hasta lo leía -como recomiendan con ahínco los mejores proctólogos- sentado en el inodoro, imaginando que, algún día, vería esos ejemplares diminutos con mis propios ojos. Y ese día llegó, un día que estaba harto de suspender la asignatura "Cálculo de Estructuras III" en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, cuando me compré, de segunda mano, mi primer microscopio un poco serio, de la marca polaca PZO.

Actualmente, unos cuantos años después, no solo me motiva la curiosidad de observar lo pequeño en todas sus formas -lo animado o inanimado- sino también poder disfrutar de mis instrumentos vintage, cuya simple presencia en mi escritorio me produce un gran placer estético; es algo identitario para mí, como para otros es una ideología política, un equipo de fútbol o un Porsche Cayenne, por decir algunas plausibles alternativas. Por tanto, exhibiré mis microscopios sin pudor alguno.

El primero, y que más me gusta, es un Carl Zeiss Jena Lu Wd E de la década de 1940, armado con un condensador de campo claro descentrable, para iluminación de campo claro y oblicua. Y con su espejo, como las viejas glorias de la microscopía. Su sola visión y manejo es una delicia, exudando calidad por los cuatro costados.

Zeiss Jena Lu Wd, una belleza vintage (La Gaceta de Gea)
Otro de mis metálicos amigos es un Carl Zeiss Jena Nf, algo más moderno (1955-1965) y más polivalente que, además, dispone de iluminación integrada. Puedo elegir entre dos condensadores: uno con un revólver triple, que me ofrecen campo claro y campo oscuro, y un condensador de contraste de fase, que es el que más uso al ofrecer unas vistas espectaculares de seres trasparentes, que no se apreciarían con campo claro.

Zeiss Jena NF, versatilidad total (La Gaceta de Gea)
También poseo un Lomo MBR-3, aparato soviético copia de los Zeiss Jena (aquí se puede leer la apasionante historia de esta sinergia, que empezó tras la Segunda Guera Mundial), que uso indistintamente para cualquier técnica de iluminación, un Meopta en la sede de GeaXplora y un Lomo MBR-1, de viaje, en el maletero de mi Toyota Auris, por si surge la oportunidad. Ah, y un microscopio chino también copia de Zeiss Jena, en mi refugio vallisoletano. ¿Demasiados? Tal vez.

Ya efectuadas las presentaciones, nos podemos preguntar ¿qué podemos observar al microscopio? La respuesta es simple: todo lo que sea pequeño, vivo o muerto. Empecemos por lo muerto, que hay mucho y variado, comenzando con las preparaciones con especímenes ya montados. Pueden adquirirse cajas monotemáticas (zoología, histología, botánica) y cajas variadas, con multitud de especímenes diferentes. Son muy didácticas y útiles para introducirse en este apasionante y relajante mundo. En Ebay pueden obtenerse, también, cajas de preparaciones antiguas normalmente provenientes de hospitales, de contenido histológico o patológico, que pueden dar bastante grima al usuario.

Como ejemplo, voy a presentar algunos ejemplos de mis preparaciones montadas. Las fotos están sacadas con una sencilla cámara USB montada en el ocular del microscopio.

Diatomeas con iluminación de contraste de fase (La Gaceta de Gea)
Unas preparaciones muy bonitas son las de diatomeas y radiolarios. Las primeras son algas que constan de una cajita de sílice que alberga el contenido celular. Cuando mueren, se depositan y forman un polvo que es muy utilizado como fertilizante natural. Las segundas son unas amebas con esqueleto de sílice, usualmente marinas, con unos caparazones muy curiosos. Cuando muere el animal, estos caparazones se depositan en el fondo del océano.

Esqueletos de radiolarios al contraste de fase (La Gaceta de Gea)

También es posible hacer fotos, cuando se tienen preparaciones con especímenes grandes, sacando varias imágenes y componiéndolas. Yo utilizo, para ello, un programa gratuito llamado Hugin, que funciona muy bien. Dejo unos bonitos ejemplos, fotografiados con iluminación de campo claro.

Pólipo de Alcyonum (La Gaceta de Gea)
El primero es un pólipo de Alcyonum, una especie de coral. Como mide unos cuantos milímetros, he tenido que componer varias fotos.

Colonia de pólipos de Obelia (La Gaceta de Gea)

Aquí tenemos una composición de una colonia de pólipos de Obelia, un género de medusa que comienza su vida formando una especie de arbolillo con otras compañeritas de farra. Este arbolillo puede medir hasta 1 centímetro, con lo que he tenido que componer varias fotos.

Terminamos esta primera entrada con una sección de lombriz de tierra, una bonita y vieja preparación a la que tengo mucha estima por lo bien que se aprecian las tripas de animal.

Sección de lombriz de tierra (La Gaceta de Gea)
Se trata de una sección de casi 20 milímetros, con lo que tuve que sacar 20 fotos y componerlas. Quedó bastante bien, para ser una preparación de casi 100 años de antigüedad.

Terminamos esta primera entrada de "Elogio de lo pequeño" precisamente elogiando lo pequeño ya que, en mi opinión, los extremos se tocan y se puede apreciar lo grande en lo pequeño y viceversa. Por eso me gustan tanto la microscopía y la astronomía; para mí son lo mismo a escala diferente, pero la esencia profunda de todos los objetos, al final, es la misma. Una vibración, como parece predicar la física cuántica.

¡Hasta la próxima!

PD: Si alguien estuviera interesado en aprender más cosas sobre microscopía puede envianos un correo a geaxplora@gmail.com y, si hubiera suficientes interesados, se podría organizar un curso introductorio sobre este noble, complejo y divertido arte. También puede visitar nuestra web www.geaxplora.com.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Un animalario como Dios manda

Siete y media de la mañana del 19 de agosto de 2019. Hace un frío que pela y me dispongo, con cierta expectación, a disfrutar de una experiencia espiritual única en el mundo: el baño en las piscinas milagrosas de Lourdes. Y no es que uno sea demasiado pío, sino lo que se podría llamar un católico parcialmente practicante, de los que no va mucho a misa y está abierto a otras concepciones y formas de ver el mundo, siempre sabiendo que sí existe un Dios, Logos, Verbo, Mente Universal, Principio Rector o como cada uno lo quiera llamar, al que le cuento mis alegrías y penas, sintiéndome reconfortado. Nada más y nada menos, oiga. Y el mismo para todos, por cierto.

Después de dos horas de espera, entro en el recinto de los baños, rodeado de indios de la India, valga la redundancia ¿conversos o habrán integrado a la Virgen en su panteón, me pregunto? Un hospitalario me hace un gesto y me pregunta de dónde soy, en francés. Digo que español; se me nota en la perspicaz mirada. Llaman a un señor que andaba por allí ayudando, también español. Le pregunto: es el padre Miguel Ángel, de los Franciscanos Conventuales de Madrid ¿casualidad?. Me ayuda con el proceso del baño, impresionante en su rito y emoción. Me dejo llevar, es lo que hay que hacer. Me agarran dos hospitalarios y me sumergen en las gélidas aguas, para sacarme ipso facto. El padre Miguel Ángel me asegura que los milagros existen ¡Amén! Muchísimas gracias, querido hermano. Doy un abrazo al personal, emocionado, y salgo al exterior tiritando de frío, con una sensación extraña. Alea jacta est.

Es hora de partir de este lugar sagrado que me ha gustado más de lo que esperaba. Se puede aducir que es pura comercialidad religiosa, y lo es, pero únicamente a extramuros del recinto religioso. Dentro solo hay entrega y alegría, eso es lo que yo lo he percibido. Y fuera, ¿acaso es pecado aprovechar la potencialidad económica de un lugar especial? Yo creo que no, lo espiritual y lo material son las dos caras de una misma moneda, perfectamente compatibles. Además, ninguna religión, creencia o filosofía se libra del comercialismo de sus lugares sagrados, hasta donde yo sé. Que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Es hora de visitar otro lugar especial: el Parque Animalario de los Pirineos, muy cerca de Lourdes. Por cierto, muchas gracias a mi infalible y querido compañero de @geaxplora, el gran @cronicasdefauna, por la identificación de algunos animales.

Acceso al parque (topopyrenees.com)
Lo primero que llama la atención es el edificio de acceso, muy bonito, sencillo e integrado, con sus lamas de madera horizontales que dan sensación de calidez, de respeto por el entorno. Empezamos bien.

Accedemos y compramos dos entradas de adultos, a 19,50€ cada una. Nos dan un folleto con el mapa del complejo. Casi nada: un restaurante, una tienda de recuerdos llena de simpáticos peluches, un bar abierto en verano, dos zonas de picnic y, lo mejor, tres ecolodges, cabañas para pasar la noche en el sitio, rodeados de animales: marmotas, osos o lobos, a elegir, a 390€ la noche. Que tome nota algún inteligente propietario de finca rústica, aquí puede estar el futuro: en el avistamiento de animales, flora, fotografía nocturna, astronomía o dormir en un bosque con todas las comodidades, en silencio.

El recorrido se estructura por zonas temáticas. La primera de ellas, que se accede a través del edificio principal, denominada "Las alas de la Naturaleza", un espacio cerrado por una tela metálica, casi imperceptible, que alberga numerosas especies de aves de todo tipo, con su lámina de agua a modo de charca.

Montones de aves en un espacio imperceptiblemente cerrado (La Gaceta de Gea)
Entre las más espectaculares: espátula blanca (Platalea leucorodia), grulla damisela (Anthropoides virgo), garcilla cangrejera (Ardeola ralloides), carraca (Coracias caudatus) o el ibis eremita (Geronticus eremita).

Buenos carteles de interpretación, con la información de vulnerabilidad de la especie (La Gaceta de Gea)
Seguimos la ruta hacia la sección "El filo del agua", donde encontramos las siempre simpáticas nutrias en un acuario semiabierto, donde podemos admirarlas nadando y en superficie. Todo excelentemente presentado.


Nutria jugueteando (La Gaceta de Gea)
También encontramos coipúes (Myocastor coypus), unos roedores sudamericanos parecidos a los castores. Se considera especie invasora en Europa.

Coipú nadando, parece una rata gorda (La Gaceta de Gea)
Lo siguiente que vemos es una charca, muy bien acondicionada con plantas acuáticas, lentejas de agua y nenúfares, donde tenemos dos especies de zampullines: el zampullín común y zampullín cuellinegro. Todo, por supuesto, con sus carteles de interpretación en francés, inglés y español.

Tras ello, una exposición, verdaderamente útil, de modelos de las serpientes que uno se puede encontrar en la zona sur de Europa. Por eso de educar a la peña al respecto de que la mayoría de estos ejemplares no son ni venenosos ni peligrosos, a menos que uno los pise inadvertidamente o los intente agredir. Ellos se defienden, igual que haría el pacífico lector, en su caso.

Modelos educativos de serpientes (La Gaceta de Gea)
Ascendemos por el camino de madera para llegar a donde pululan las estrellas del parque: las marmotas. Hay que hacer cola: alimentar -con calabacín y zanahoria troceada- estos simpáticos animales no se hace todos los días. Toda una experiencia que merece la pena, aunque me queda la duda si las marmotas no engordarán demasiado siendo alimentadas a todas horas. Quizás la hibernación ponga las cosas en su sitio.


Marmotas ansiosas (La Gaceta de Gea)
Llegamos a la sección "La tierra de los carnívoros", donde encontramos linces boreales o euroasiáticos (Lynx lynx), ocelotes (Leopardus pardalis), tayras o hurones (Eira barbara), pandas rojos (Ailurus fulgens) y osos pardos (Ursus arctos). Por supuesto, todos estos carnívoros disponen de numerosos árboles, roquedos y un gran espacio para expandirse; desde luego no da la sensación de hacinamiento ni de tristeza por parte de los animales, sino de una cierta tranquilidad. Los animales están lustrosos y bien alimentados.

Lynx lynx, el lince boreal, descansando en su árbol (La Gaceta de Gea)
Oso pardo pirenaico, posando en su roquedo (La Gaceta de Gea)
Llegamos al espacio "La granja de los pichones", donde nos encontramos animales domésticos, de granja, y algunas aves. Muy interesante para los niños y las nuevas generaciones de humanos que no han salido de las urbes. Aquí pueden tener contacto visual -y táctil- con ovejas, vacas y cabritas, deliciosas para el personal más menudo.

Ascendemos, por el camino en cuesta, al "Valle de las rapaces", donde se pueden avistar estas magníficas aves. Como el día es lluvioso, no consigo ver ninguna excepto unos cuervos en su espacio cerrado.

Cuervos (La Gaceta de Gea)
Llegamos a la zona "Montañas del mundo", donde encontramos ciervos, muflones (Ovis orientalis), corzos (Capreolus capreolus), y cabras montesas (Capra pyrenaica). Por cierto, había un corzo joven muy cerca del camino, agachado, mirándome fijamente. Yo no sé para un niño pero yo, como adulto, sentí una ternura indescriptible por aquel precioso ejemplar.

Cabaña para avistamiento de lobos, con su cristalera de seguridad (La Gaceta de Gea)
Tras los corzos y demás animales "comestibles", llegamos a la zona de los lobos ibéricos ¿Será casualidad que estén tan cerca? Prefiero no pensarlo. Escruto la parcela y no veo ningún ejemplar. Posiblemente se concentren en el área más íntima y difícil de avistar. De noche saldrán, digo yo.

Lo que sí se aprecia es el ecolodge dedicado al avistamiento nocturno de lobos, "La cabaña del trampero". Una noche aquí debe ser toda una experiencia, con su lógico precio.

"La cabaña del trampero", alojamiento para ver lobos (La Gaceta de Gea)
La última parada es "Los bosques húmedos", donde encontramos más especies de nutrias, pajarillos de las selvas y pequeños monos muy curiosos, como el tití emperador (Saguinus imperator).

Mono bigotudo denominado tití emperador, me recuerda a alguien (La Gaceta de Gea)
Tras este recorrido de una dos o tres horas volvemos a la tienda del parque zoológico, donde montones de peluches esperan a niños y mayores que todavía no han perdido el contacto con su niño interior. Y es que ¿por qué se asocia forzosamente un animalario o zoológico con la infancia? ¿es que el adulto ha perdido la relación con las demás especies de animales que viven en nuestro querido planeta? A lo mejor nos da vergüenza reconocer que nos podemos enternecer con estos animales, que en su mayoría sólo quieren vivir y que se les trate bien o, como mínimo, que se les ignore.

Considero que este parque es un modelo impecable de integración de investigación, entretenimiento, conservación y negocio sostenible. Y es que el negocio es compatible con casi todo, si se hace de forma respetuosa y ética.

Me gustaría conocer y ayudar a promover iniciativas de este tipo en España. Si alguien es tan amable de mostrarme alguna que ya exista, se lo agradecería. Se me puede alcanzar en Twitter @geaxplora, @javiermfrico o @cronicasdefauna o en el correo geaxplora@gmail.com.

¡Muchas gracias y hasta la próxima!

lunes, 12 de agosto de 2019

Marbella y su arqueología

Tal vez no sepa el lector que yo, allá por enero de 2011, defendí una tesis doctoral algo heterodoxa, dirigida por mi maestro y queridísimo profesor -amén de excelente ser humano- José Fariña Tojo, que trataba de aprovechar las ruinas, vestigios y afloramientos que aparecen en el paisaje mediante una metodología, siempre mejorable, que yo mismo inventé. La tesis se puede descargar libremente en este enlace.

Antes de su redacción me dediqué, durante un tiempo, a explorar y visitar 40 yacimientos arqueológicos -aunque podrían haber sido afloramientos minerales, árboles singulares, minas abandonadas o cualquier otro elemento paisajístico olvidado- por la malagueña Costa del Sol, entre Guadiaro y Torrox.

Hace unos días, mientras montaba en bicicleta por el excelente paseo marítimo que comunica Marbella con Puerto Banús, se me ocurrió la brillante idea de visitar, de nuevo, los tres yacimientos marbellíes más significativos, para comparar su estado con lo que yo mismo pude apreciar en 2010. Por tanto, esta es una entrada que pretende alabar -o no- la labor de las autoridades competentes en la protección de un Patrimonio Histórico tan llamativo como pueden ser unas termas romanas, una basílica visigoda o una villa romana con bellos mosaicos. No un conjunto de pedruscos tirados en un ignoto sembrado, con perdón.

Comenzamos por las Termas Romanas de las Bóvedas, en San Pedro de Alcántara. Me refería a estas termas -con sus citas bibliográficas- en estos términos:

"Se denomina Termas de Guadalmina o Las Bóvedas al primero de los yacimientos, debido a la presencia de una enorme y descarnada bóveda de mortero, llamativo resto de un antiguo recinto termal, claro vestigio de un antiguo asentamiento que algunos autores identifican como Cilniana. Esta imponente ruina se encuentra en una zona próxima al arco de entrada de San Pedro de Alcántara, entre los ríos Guadaira y Guadalmira, y sobre la vía romana que llevaba de Cartagena a Cádiz, rodeada actualmente por un bosque de eucaliptos. Se configura el espacio termal a través de una planta casi cuadrada, de unos 11,5 metros de lado, dividida en tres naves por una serie de pilares de traza irregular."
Las termas en 2010 (La Gaceta de Gea)
Recuerdo perfectamente que accedí al monumento colándome por un agujero en la tela metálica que lo rodeaba por su lado norte, para encontrarme con una estructura realmente espectacular, muy dramática, con un toque Gaudí en su interior, donde se encuentra el baño principal, el caldarium, con sus bancos perimetrales. Me sorprendió muchísimo; iba solo y me pareció como si este monumento fuera descubierto por mí mismo, como si nadie hubiera reparado en él.

El éxtasis duró hasta que miré al suelo, encontrándome con acúmulos de latas, papeles, servilletas sospechosas, botellas de plástico y demás basura. Tampoco me había fijado en los grafitis de los "artistas plásticos" de rigor. Mi gozo en un pozo, vaya desastre: el maridaje perfecto entre la desidia de las autoridades y la educación -de algunos sujetos o sujetas, como se dice ahora- más bien precaria.

Las Termas en 2019. Sin novedad en el potaje (La Gaceta de Gea)

En la actualidad no hizo falta que me colara: el monumento es visitable -libremente- en un determinado horario. Gratis, por supuesto: la maldición bíblica española y una de las razones por las que yo creo que el patrimonio no se valora. Y es que los "comunes", lo gratis, está abocado al fracaso. Yo creo que hay que pagar, aunque sea de forma simbólica, un eurito por ejemplo.

Dentro ni visitantes ni vigilantes, prácticamente igual que lo recordaba. El mismo monumento dramático en su forma y factura, tan sucio y descuidado como antaño, con sus grafitis, su basura y su débil barandilla que no sirve para nada. La misma penuria, vamos.

Las paredes del monumento, algunas decoradas con excelente gusto... (La Gaceta de Gea)
Yo, para verlo así, preferiría que algún avezado empresario lo restaurara de forma culta y le diera el uso que tuvo en tiempos pretéritos: un spa. Ya lo estoy imaginando: "Las marbellíes Termas Romanas de San Pedro, a 30€ la entrada, con derecho a baño cual César y Cleopatra". Un sueño, oiga, yo iría con los ojos cerrados. Si lo desea yo le hago el proyecto arquitectónico, que lo tengo en mente.

Espectacular sala principal con el caldarium, rodeada de bancos (La Gaceta de Gea)
Nos vamos al muy cercano yacimiento visigodo de Vega del Mar. Escribí en su día:
"Edificada posiblemente en el segundo tercio del siglo IV de nuestra era, la Basílica Paleocristiana de Vega del Mar ha sido conocida de siempre como "Cementerio de los Moros", y fue descubierta a principios del siglo XX como consecuencia de unos trabajos de plantación de eucaliptus, los que constituyen en la actualidad el pequeño bosque que rodea el yacimiento." 

"Como todas las iglesias de esta peculiar tipología, dispone de dos ábsides contrapuestos, uno semicircular, al este, y el otro, que era el ábside principal, al oeste, con forma de herradura e inscrito en un rectángulo que forma dos aposentos laterales a su alrededor. De éstos, el situado al norte contiene una bien preservada pila bautismal, tallada en una sola piedra con forma exterior de pez, de claro simbolismo cristiano, cuatrilobulada en su interior con los siete escalones que corresponden a los siete grados del misterio del Espíritu Santo, descritos posteriormente por San Isidoro: tres de descenso, el central y tres de ascensión. Este aposento tiene dos puertas, una al exterior y otra a la nave, como corresponde al rito, según el cual el nuevo catecúmeno no debía entrar en la iglesia hasta haber sido bautizado. Las entradas estaban situadas en los costados norte y sur, donde aún quedan los restos de los pórticos laterales, de los cuales el del lado norte ha sido utilizado como zona de enterramiento."
Estado de la basílica en 2010, rodeada de eucaliptos, con el vallado roto y libre albedrío en su interior (La Gaceta de Gea)

En 2010 el yacimiento se encontraba completamente rodeado de un bosque de eucaliptos que hacía de aparcamiento, merendero, zona de esparcimiento playero o qué se yo, a juzgar por la suciedad del enclave. Dicha basura, como suele pasar, no se limitaba a la zona de alrededor del yacimiento, sino que aparecía dentro del mismo debido al vallado rasgado, por donde se colaban personas con y sin animales; no me hubiera sorprendido ver a alguno hacer sus necesidades en la pila bautismal, en ese momento completamente abierta, sin protección.

Vista de la basílica desde el mirador (La Gaceta de Gea)
En la actualidad debo reconocer que ha mejorado en una cosa: en su protección. Atrás quedó la ridícula valla: ahora la basílica se cierra con un hermoso muro con una verja de diseño en una parcela mucho más grande, con lo que multitud de eucaliptos hubieron de talarse a tal efecto.

El conjunto se remata con un mirador de madera, elevado, sobre el que se pueden admirar los restos, dilucidándose la planta de la antigua edificación, con sus dos ábsides enfrentados. Los carteles de intepretación son absolutamente ilegibles, lo contrario que la hermosa placa de inauguración del mirador y verja por el político de turno. Desde luego, es mucho más importante la grandeza de éste último que la correcta interpretación del monumento, claro.

La pila bautismal, antes descubierta, se ha protegido con un cristal sobreelevado, lleno de polvo en el momento de la visita, con lo que no se podía apreciar nada.

Está claro lo que es importante (La Gaceta de Gea)
En fin, nos vamos con la música a otra parte. Esperemos que la siguiente visita nos depare sorpresas más agradables.

Nos vamos hacia Marbella para visitar la Villa Romana de Río Verde. Ya escribí en su momento:
"La Villa Romana de río Verde se sitúa junto al río del mismo nombre, configurándose como una vivienda señorial mixta datada entre el siglo II y el IV d.C. Aparecen, en su interior, varios mosaicos localizados en los pasillos del peristilo y en tres habitaciones, así como en el peristilo r y a la fabricación de salazón de pescados. Las excavaciones arqueológicas realizadas desde 1960 han sacado a la luz una parte de las estancias de esta casa, así como un conjunto de gran calidad y temática muy diversa, que decora el peristilo y las habitaciones anexas. En uno de los frentes del peristilo aparece un ninfeo en dos niveles, decorado con mármoles de colores."

La villa en 2010 (La Gaceta de Gea)
En esos tiempos lo poco que se había excavado -aunque la traza de la villa se apreciaba completamente- estaba encerrado en una parcela, entre viviendas unifamiliares, muy cerca de la playa. Hoy en día es completamente diferente: la villa se encuentra perfectamente musealizada y cubierta mediante una estructura metálica abovedada, bastante luminosa gracias a sus lucernarios.

La villa en la actualidad; esto sí que es una musealización y no lo visto anteriormente (La Gaceta de Gea)
Nada más entrar, en el horario establecido para las visitas -gratis, por supuesto-, fuimos atendidos por @martalillo92, la cual nos brindó una excelente visita, explicándonos todos los entresijos de la villa con todo lujo de detalles ¡muchas gracias por tu interés, conocimiento y amabilidad!

Interesante mosaico con utensilios de cocina (La Gaceta de Gea)
A través de las pasarelas flotantes, de madera, se sigue un recorrido por las diferentes estancias de la villa, la mayoría adornadas con bellos mosaicos. Son especialmente llamativos los utensilios de cocina, que yo no he visto en ninguna otra villa romana, y eso que he conocido bastantes de ellas. Una visita excelente de un yacimiento arqueológico bien musealizado; ya era hora. Lo único que puedo recomendar es que se cobre la visita, aunque sea un euro por persona. Es posible que, paradojas de la vida, fuera valorado y visitado por más público.

Finalizamos esta entrada que resume, en cierto modo, el estado de los yacimientos arqueológicos en España: algunos excelentemente musealizados mientras que otros muchos -algunos realmente importantes- languidecen en el más absoluto de los olvidos.

Creo, sinceramente, que deberíamos más prestar atención a las huellas de nuestro pasado y aprovecharlas en nuestro bien como individuos y sociedad, revivirlas, dotarlas de uso. No solo convertirlas en museos, sino en otras cosas: restaurantes, spas, hoteles, tiendas y demás ¿Porqué no?

Alguno se me echará encima por sacrílego, pero me parece que revitalizar y reutilizar una ruina es como revivir a un muerto: un bonito milagro.

¿Y acaso los milagros no existen?

domingo, 21 de julio de 2019

Rutas vintage: "tourismo" por el Canal de Isabel II (III)

Con esta veraniega entrada finaliza la apasionante trilogía dedicada al sector más antiguo del madrileño Canal de Isabel II, que se iniciaba en la presa del Pontón de la Oliva (en la primera entrada al respecto), terminando junto al Soto de Viñuelas, en esta segunda entrada, ya cerca de la ciudad de Madrid. Recordaremos que las fotografías originales, dentro de la improvisada guía turística que nos lleva por estos lugares, fueron tomadas en 1911.

Pues bien, continuamos nuestro periplo saltándonos, desgraciadamente y por imperativo legal, el acueducto de Valdealeas, uno de los más largos del trazado. Es una pena, pero está incorporado a la finca "Soto de Viñuelas", a la cual, según me ha comentado un amigo de Tres Cantos, no se puede acceder al ser privada. Una pena, ya que sería muy interesante poder visitar este magno monumento.

Nos dirigimos hacia el sur en busca del acueducto de Vallegrande, para lo que cogemos una pista que se adentra en el monte de Valdelatas, al sur del Campus de Cantoblanco, perteneciente a la Universidad Autónoma de Madrid. Recorremos, hacia el este, cerca de 1 km, cogemos el primer desvío hacia la derecha y allí está, escondido en el frondoso pinar, hacia la izquierda.

Situación del acueducto de Vallegrande (La Gaceta de Gea)
Se trata de un acueducto de 47,30m de longitud y 10m de altura máxima, dotado de 7 arcos. El entorno del Monte de Valdelatas es bastante bonito, al menos para los que nos encantan las pequeñas lomas cubiertas de pinos piñoneros, con su amplia copa en forma de paraguas. Un verdadero oasis verde muy próximo a la ciudad.

Acueducto de Vallegrande (La Gaceta de Gea)
Tras visitar este montuoso entorno, nos planteamos un reto: descubrir el acueducto del Sotillo. Y no es porque no se localice cerca del anterior, sino porque no aparece en el mapa topográfico más que con el topónimo "El Sotillo" y, además, el acceso es bastante más complejo de lo que pudiera parecer, confundiendo al explorador más centrado.

Vamos con las señas. Volvemos hacia el norte por la vía de servicio que nos lleva, de nuevo, a Cantoblanco. Encontramos una rotonda que nos lleva a cruzar la M-607, donde alcanzamos otra rotonda. Desde aquí, cogemos una pista hacia el sureste. En el primer cruce, nos desviamos por la pista de la derecha, que pasa por debajo de la vía férrea. Después el cruce hacia el sur, a la izquierda. Desde aquí recorremos un par de kilómetros, sin desviarnos del camino, hasta llegar al paraje "Las Higueras", donde cogemos la pista a la derecha, que nos lleva, al pasar una gran curva, al acueducto. ¿No quedamos en que era un reto?

Situación del acueducto del Sotillo
Y aquí está nuestro monumento, que presenta 72,40m de longitud, 6m de altura máxima y 13 arcos, siendo el más "bajito" de todos si comparamos la proporción entre su longitud y altura máxima.

El vandalizado acueducto del Sotillo, una pena (La Gaceta de Gea)
Nos acercamos campo a través, mientras decenas de conejos saltan alrededor de la maleza, buscando cobijo; hacía tiempo que no veía tantos. Ya se veía venir: en un sitio tan alejado y a la vez cercano de la capital no podían faltar las firmas de los Banksys de pacotilla sobre el monumento, acompañadas de la mugre acostumbrada: trozos de plástico, latas, servilletas sospechosas y demás delicatessen. Luego estos pollos hablan de arte, será del de los demás.

Tras inmortalizar la maltrecha infraestructura volvemos hacia la pista, no sin antes fijarnos en un mojón que sobresale del acueducto en su extremo, mostrando su nombre. Qué agradable sorpresa; reconozco que ver estos rótulos antiguos ya casi enterrados, con esa tipografía vintage, me fascina. Y es que a uno siempre le ha tirado la exploración -encontrar cosas perdidas u olvidadas- más que a un tonto un lápiz, como decía mi padre.

Un singular mojón (La Gaceta de Gea)
Ahora ya sí que nos adentramos en la jungla urbana, en busca de los acueductos que nos quedan hasta llegar al depósito elevado de Chamartín, fin de nuestro largo periplo.

Buscamos el siguiente acueducto, el de Claudieta, sin fortuna, ya que está enterrado bajo la avenida de la Ilustración.

Los desaparecidos acueductos de Claudieta y Valdeperales
Tampoco hay suerte con el siguiente, el acueducto de Valdeperales, parece que "tragado" por el sistema de alcantarillado de la ciudad, por la zona de la avenida de Monforte de Lemos.

Ya en la ciudad: acueductos de los Pinos, Traviesa y Valdeacederas (La Gaceta de Gea)
Menos mal que los tres siguientes sí están conservados, integrados en un gran parque lineal con dos nombres: parque de los Pinos y parque Rodríguez Sahagún. Para acceder cogemos el paseo de la Dirección -denominado así por seguir la dirección del Canal- y aparcamos cerca del cruce de éste con la avenida de Asturias. Entramos en el parque y ahí está, cruzando, casi de forma perpendicular, el paseo principal de este sector del parque, el acueducto de los Pinos.


El acueducto de los Pinos, integrado en el parque homónimo (La Gaceta de Gea)
Presenta las siguientes credenciales: 33m de longitud, 9,80m de altura máxima y 5 arcos. El acueducto está convenientemente pintarrajeado, como no podía ser menos. Al menos, estar integrado en un parque le puede garantizar una cierta supervivencia, siempre que a las autoridades municipales les interese invertir en educar a la masa, claro.

Nos ayudamos del trazado del Canal para llegar al siguiente acueducto, bastante cercano. Para ello tomamos el camino perimetral del parque, dejando siempre a la izquierda el paseo de la Dirección. Tras un breve paseo ahí está, con sus tres arcos, 19,50m de longitud y 9,80m de altura máxima: el acueducto de la Traviesa.

Acueducto de la Traviesa (La Gaceta de Gea)
Con sus tres arcos rebajados, su lámina de agua y su fuentecilla, se podría considerar, como diría cualquier influencer de moda, muy cuqui, para lo que estamos acostumbrados.

Seguimos por el camino perimetral hasta cruzar la calle Capitán Blanco Argibay, que separa el parque de los Pinos del de Rodríguez Sahagún, donde observamos un cartel blanco y azul del Canal. De esos, a estas alturas de la expedición, hemos tenido que ver muchos.

Acueducto de Valdeacederas (La Gaceta de Gea)
Seguimos el camino y, a unos minutos, descendemos hacia una hondonada algo desangelada y dejada de la mano de Dios. Encontramos el sucio y "decorado" acueducto de Valdeacederas, de 5 arcos, 30,60m de longitud y 9m de altura máxima. Una pena. A vuelapluma, a uno se le ocurre que podrían poner unas placas metálicas en estos monumentos para señalar su importancia, pero me temo que eso es pedirle mucho a una empresa suministradora de aguas, aunque luego se jacte de sus fundaciones y demás.


Acueductos desaparecidos de Barrancos y Obispo

Tras éste, nos quedan únicamente tres: el de Barrancos, el del Obispo y el de Amaniel. Del primero no queda nada, del segundo dos arcos en la calle Marqués de Viana y del de Amaniel, todo. De hecho ¿qué madrileño no habrá pasado alguna vez por la calle Pablo Iglesias?
 
Situación del acueducto de Amaniel y del Depósito
Esta vez no necesitamos coger el coche, en transporte público vamos sobrados. Salimos en la estación de Metro Cuatro Caminos. Desde aquí, enfilamos la avenida de la Reina Victoria hasta el cruce con la calle Pablo Iglesias, que recorremos durante diez minutos, hasta que llegamos al acueducto de Amaniel. Se trata del acueducto más largo: 124m de longitud, 10,50m de altura máxima y 17 arcos. Un gran monumento en el que casi nadie repara.

Acueducto de Amaniel (La Gaceta de Gea)
En este caso se hace muy patente la diferencia entre ambos entornos, en sus 108 años de diferencia: el primero, en las afueras de la ciudad; el segundo, plenamente integrado en el centro de Madrid. Llama la atención la diferencia de pendiente del terreno en el lado sur del acueducto, a la derecha de la imagen; parece como si se hubiera rellenado de forma muy patente.

Volvemos a la glorieta de Cuatro Caminos, donde nos desviamos, por la calle Bravo Murillo hacia el sur. A cinco manzanas nos da la bienvenida el que es, probablemente, el monumento más conocido -y original- del Canal de Isabel II: el depósito elevado de Chamberí.

El depósito elevado de Chamberí (La Gaceta de Gea)
De un estilo que yo calificaría como híbrido de neomudéjar y modernismo, este monumento se utiliza, de forma acertada en mi opinión, como sala de exposiciones fotográficas.

Ya sí que podemos relajarnos en su jardín anexo, pensando en todos los acueductos y sifones que hemos visitado desde el Pontón de la Oliva hasta aquí. Algunos más ocultos que otros, pero la mayoría desconocidos y apasionantes.

Y es que no nos damos cuenta de la suerte que tenemos los madrileños: poder gozar de una de las mejores aguas potables del mundo. Y todo eso gracias al esfuerzo de muchas personas, desde hace más de un siglo. Uno de ellos fue don Ramón de Aguinaga, que nos ha llevado, a través de su centenario cuaderno, a explorar, descubrir y aprender a través de su itinerario.

Si don Ramón levantara la cabeza se sentiría profundamente orgulloso, a buen seguro.

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