viernes, 15 de mayo de 2020

Entrevista: aprovechemos el territorio, que para luego es tarde

Hoy cambio de tercio, ya que me siento muy honrado. Y tan contento estoy que vivo sin vivir en mí, como diría Santa Teresa de Jesús. Y es que me han hecho una entrevista, cosa que no ha sido muy habitual en mi vida profesional.

Es por ello que voy a trasladar aquí la entrevista de ProntoPro.es, realizada por Marta Sánchez:

https://www.prontopro.es/blog/aprovechamiento-del-territorio-para-un-modelo-productivo-mas-sostenible/

Aprovechamiento del territorio para un modelo productivo más sostenible

Publicado el 15 mayo 2020 por Marta Sánchez

Javier M. Fernández-Rico, experto en estudios y actividades de aprovechamiento territorial en Madrid, es Doctor Arquitecto (Ordenación del Territorio) y Ambientólogo colegiado. Este madrileño a lo largo de los años ha estudiado y escrito sobre el aprovechamiento de los elementos territoriales olvidados, causados por el abandono o la despoblación. 

Su motivación para su labor profesional proviene de, en primer lugar, la vocación naturalista y de exploración que comparte con su socio Eugenio. Además, ambos creen necesario un cambio en el modelo productivo español, pasando de un modelo eminentemente basado en la construcción masiva y el turismo a otro más equilibrado, más sostenible y basado en el aprovechamiento de los recursos ya existentes, es decir, reciclar recursos, darles un nuevo uso.

GeaXplora es una empresa joven, fundada en septiembre de 2019, por Eugenio Fernández Sánchez, Ingeniero y conocido divulgador de la naturaleza, y el propio Javier M. Fernández Rico. Cuentan con un grupo de colaboradores: agrónomos, biólogos, arquitectos e ingenieros. Son una consultoría, aunque prefieren llamarse estudio o taller de aprovechamiento de elementos territoriales. Por aprovechamiento se refieren a que en España no tenemos, a diferencia de otros países europeos, implantada la cultura de las tres R del reciclaje (reducir, reciclar y reutilizar). 

A nivel del territorio, esto significa que, por diversas razones, muchos elementos (fincas, terrenos, edificios, pueblos enteros) han quedado abandonados y otros directamente se han obviado porque nunca se les ha dado un uso concreto. GeaXplora responde a la necesidad imperiosa, por motivos de sostenibilidad y de racionalidad, de estudiar y proyectar el aprovechamiento de estos elementos, mediante soluciones vanguardistas y novedosas, adaptadas a los tiempos cambiantes que corren.

Su área de especialización es redactar estudios y proyectos de aprovechamiento de elementos: proyectos arquitectónicos de rehabilitación y restauración de edificios en desuso, proyectos agronómicos de cambio de cultivos, estudios ambientales de suelos y aguas, estudios de aprovechamiento de fincas rústicas, bosques y elementos naturales. También ofrecen estudios de implantación de flora y fauna (rewilding), de recuperación de ecosistemas y de restauración ambiental.

En GeaXplora.com ofrecéis servicios de consultoría medioambiental, ¿cuáles son los servicios disponibles en este campo? ¿Cuál creéis que es la importancia de fomentar estos estudios en los proyectos de las comunidades?

Nosotros confeccionamos estudios y proyectos de aprovechamiento de elementos tanto patrimoniales como naturales: rehabilitación de elementos rurales, cambio de cultivos no rentables, fincas rústicas sin uso ni beneficio, uso sostenible y recuperación de bosques y otros elementos naturales, así como recuperación de ecosistemas y de restauración ambiental de elementos como minas abandonadas, vertederos, urbanizaciones abandonadas, etc.

¿Qué parte de tu equipo de trabajo es esencial? ¿Hay algún elemento que nunca debería faltar al realizar una consultoría de este tipo y por qué?

La prospección de campo y metodología de análisis son aspectos esenciales. Nosotros no podemos hacer teletrabajo, tenemos que visitar al cliente y conocer in situ los elementos que tiene desaprovechados (tierras que no producen, fincas que no generan rendimiento, edificios abandonados, etc.), así como otros posibles elementos que el cliente nunca hubiera pensado que se pudieran aprovechar.
Foto: Javier M. Fernández-Rico

¿Cuál ha sido vuestra experiencia profesional? ¿Cómo está integrado el equipo de profesionales que integran la empresa?

La empresa es muy joven, aunque tanto Eugenio como yo poseemos amplia experiencia en la restauración y rehabilitación del patrimonio y en restauración ambiental. Poseemos sólidos conocimientos de geografía y de todo lo relacionado con el medio ambiente, así como habilidades técnicas más que suficientes.

¿Qué aspectos deben tomarse en cuenta para un estudio de aprovechamiento territorial? ¿Qué etapas se incluyen en este análisis?

Lo principal es efectuar una buena prospección y un buen examen de los elementos territoriales propiedad del cliente (fincas, edificios, tierras de cultivo, ganadería, etc). 
Después, utilizamos una metodología propia para evaluar la potencialidad de aprovechamiento de esos recursos, para luego proponer actuaciones al cliente. Tras este examen y diagnóstico, podemos acompañar al cliente en las obras o actuaciones necesarias para poner en valor estos elementos patrimoniales: dirección de obra o servicio, marketing y asesoría en redes sociales.
Foto: Javier M. Fernández-Rico

Aprovechando la riqueza inherente al reciclaje

GeaXplora apuesta por poner en valor el patrimonio olvidado y los territorios desaprovechados en gran parte de nuestro país. Sobre todo en aquellos lugares más afectados por la despoblación y que entran en el círculo vicioso de falta de población y de actividades que generen rendimiento económico, problemas que suponen las dos partes de la tijera que corta las expectativas de desarrollo de muchos lugares. Los expertos de GeaXplora contribuyen a luchar contra esta situación apostando por modelos de generación de riqueza y valor más sostenibles, ecológicos y razonables.

martes, 5 de mayo de 2020

Islas remotas (a las que me gustaría ir)


Ahora que parece que las medidas de confinamiento propiciadas por nuestro microscópico enemigo, el COVID-19, se empiezan a relajar, los que hemos permanecido en dique seco -sin poder salir nada más que lo imprescindible- tenemos ganas de salir, tal vez soñar, tal vez escapar durante un rato de la forzada rutina doméstica. Aunque esto no sea aún muy conveniente, ojo. Aviso a navegantes, incluido el que suscribe, que atisbo optimismo rebosante.

Justo antes del virológico evento, mi querido hermano Alberto -excelente fotógrafo y artista plástico, cuya web es www.albertodavidfernandez.com- me regaló este peculiar libro: Altas de Islas Remotas, de Judith Schalansky. Un libro precioso que retrata, según su autora, cincuenta islas en las que nunca estuve y a las que nunca iré. ¿Por qué esa falta de ganas de conocerlas? ¿Qué ocurre en esos lejanos lugares? Exploremos juntos, querido lector...

Lo primero es resaltar que se trata de un libro muy agradable en su edición, de buena factura, agradable papel y buen diseño de sus páginas, recordándome, en cierto modo, algunos libros de arquitectura y diseño. Si alguien se quiere hacer con un ejemplar, temiéndose que esta entrada no es más que un indeseado spoiler, aquí le dejo una posible librería donde adquirirlo.


Sin embargo, nada más alejado de la realidad. No es un libro de viajes, aunque a más de uno -con mucha pasta o subvencionado o patrocinado- se le puede ocurrir visitar alguno de estos enclaves, sino un muestrario geográfico-poético de islotes desconocidos para el gran público. Ya lo dice la autora en la introducción: "Este atlas no es, por lo tanto, un manual de geografía, sino un proyecto poético; y parto de la siguiente premisa: una vez que resulta posible viajar alrededor de todo el globo terráqueo, solo nos queda un reto: permanecer en casa y descubrirlo desde allí" Disiento de la autora: a día de hoy, el reto no es llegar a cualquiera de esas islas, sino llegar simplemente a la acera de enfrente...

Unas páginas del libro (La Gaceta de Gea)

El libro se ordena en varios capítulos correspondientes a los diferentes océanos y sus islas remotas. Voy a iniciar mi excursión poético-geográfica eligiendo algunas islas, presentándoselas al Google Earth -como hice en esta anterior entrada- y expondré el párrafo que más me llame la atención de cada enclave.

Comenzamos por el océano Glacial Ártico, más concretamente a la isla del Oso (Bjørnøya), en el archipiélago de Svalbard, perteneciente a Noruega aunque fuera del espacio Schengen. Se trata de un frígido islote que cuenta con 9 habitantes -todos trabajando en la estación meteorológica de la isla- y está a medio camino entre los fiordos del norte de Noruega y la isla de Svalbard. Por cierto, parece que todas estas islas, según algunos estudios, son las más afectadas por el cambio climático.

La isla del Oso (Google Earth)
Se trata de una isla desolada que fue explotada para la caza y minería de carbón. Todo su relieve se descuelga del pico Miseryfjellet, y en su ladera occidental (vista en la ortofoto) aparecen multitud de lagunas, muy aptas para el asueto de las aves más septentrionales del planeta. Un paraíso del birdwatcher más curtido, sin duda.


El Myseryfjellet de la isla del Oso (Wikimedia Commons)
Nuestro atlas nos narra:

"El barón de los pájaros recoge cuatro huevos enteros y uno roto, los envuelve en un pañuelo de bolsillo y se los lleva al barco. Los otros exploradores descubren unas alcas tordas que vuelan junto a las aliblancas, descerrajan varios tiros y un ejemplar de colorido plumaje se desploma sobre el agua blanca. El viaje ha merecido la pena, ya tienen suficientes evidencias de la existencia de la isla. Los coleccionistas están satisfechos y, mientras recuentan su botín, una bandada de gaviotas devora los restos de una ballena en la playa"
Nos vamos a otro charco, esta vez al océano Atlántico por su parte africana: visitamos la isla de Annobón, también llamada de Año Nuevo, perteneciente a Guinea Ecuatorial. Se trata de la más remota de las islas del golfo de Guinea, localizándose al sur de la isla de Santo Tomé y Príncipe.

Isla de Annobón (Guinea Ecuatorial)

Se trata de una isla volcánica -lo que en geología llamamos un punto caliente- que presenta dos paisajes diferentes, muy definidos. Al norte, un paisaje semidesértico definido por la presencia del pico del Fogo y el cráter A Pot, una laguna que me recuerda vagamente al Rano Kao, en la maravillosa Rapa Nui.

Laguna A Pot con el pico do Fogo (Wikimedia Commons)
Al sur de la isla, como contrapunto, surgen cafetales, cocoteros y plantaciones de cacao, entre la selva húmeda. Se trata de un isla poblada por 5000 personas, no como la anterior; debe ser cosa del clima. Veamos qué nos sugiere el libro:
"A las 10 de la mañana del 4 de octubre la misión es interrumpida de modo abrupto y sin ningún tipo de explicación. Los oficiales al mando ordenan el cese inmediato de todas las emisiones y la retirada de todas las antenas; los radioaficionados solo tienen tres horas para desmantelar la estación y ese mismo día los montan en un avión de mercancías ruso que los lleva hasta Malabo. No pueden llevar consigo ningún material fotográfico y las llamadas telefónicas con sus familiares no dejan de entrecortarse. DJ9ZB y EA5FO reciben autorización para abandonar el país dos días más tarde, pero EA5BYP y EA5YN son detenidos"
Nos mudamos de océano, esta vez ponemos rumbo al vecino Índico para recalar en la isla de Navidad (Christmas Island), perteneciente a Australia. Se ubica a unas 200 millas náuticas al sur de la parte occidental de la isla de Java, y cuenta con 1420 habitantes, siendo su asentamiento mas importante Flying Fish Cove. A nivel natural es muy importante por la cantidad de endemismos, tanto faunísticos como botánicos, que posee. Es por ello que más de la mitad de la isla es Parque Nacional.

La isla de Navidad, en Australia (Google Earth)

La isla se configura como la parte superior de una enorme montaña sumergida de más de 4.500 metros de altura, por lo que no es de extrañar que su perímetro esté jalonado de profundos acantilados. Las fuentes de ingresos de sus habitantes son el turismo natural y, curiosamente, la emisión de sellos postales dedicados al coleccionismo.

La capital de la isla, Flying Fishing Cove (Wikipedia)
De este extraordinario e idílico enclave nos cuenta nuestro libro:
"No todos logran cumplir esa misión, sus enemigos acechan por todos lados, pero los cangrejos no saben dónde o cuándo les atacarán. Las hormigas araña amarillas simplemente aparecieron un día, es probable que las trajera un visitante de la isla, de modo inadvertido. Esta especie invasora no mide más de cuatro milímetros, pero su ejército resulta completamente aniquilador. Las distintas colonias de hormigas conviven de modo pacífico y sus reinas han firmado un pacto fatídico: todas juntas han constituido  una gran colonia unida, una fuerza ominosa, todo un imperio"
Nos largamos al Pacífico, que es donde más islotes desconocidos tenemos. Aterrizamos en el que su nombre más gracia me ha hecho: Fangataufa, en el archipiélago Tuamotu, perteneciente a la Polinesia Francesa. Por cierto, a una de las islas pertenecientes a Tuamotu, el atolón de Raroia, arribó en 1947 el gran explorador noruego Thor Heyerdahl, a bordo de su célebre balsa Kon-Tiki.

El pequeño atolón Fangataufa, el canal de la laguna arrecifal se puede apreciar en la parte superior (Google Earth)

Fangataufa no es una isla a la vieja usanza: es un atolón. Esto y más cosas explicábamos en la entrada "Millones de atolones", en la que definimos atolón como un arrecife situado en mar abierto, en forma de anillo, con una laguna arrecifal interior. Pues eso es lo que es Fangataufa: un pequeño atolón utilizado por Francia para efectuar pruebas nucleares ¡nefasto uso para este bellísimo enclave! Originalmente la laguna arrecifal interior no tenía canal al océano, pero fue abierto en una de las explosiones.

Vista de la pobre Fangataufa (Getty Images)
¿Adivinamos lo que nos puede narrar nuestro atlas? Cada vez me confirmo más en mi convicción de que nosotros, los españoles, a lo largo de nuestra tumultuosa historia y a pesar de la mala fama que otras potencias nos han inculcado (en algunas regiones recibida con verdadero entusiasmo), hemos cometido muchas menos burradas y barrabasadas que otras naciones presuntamente puras y dignas. Como muestra un botón.
"Se han repartido las colonias y han ganado las dos guerras mundiales, pero no resulta suficiente: si quieren convertirse en potencias mundiales, los aliados necesitan la bomba. Estas cuatro naciones vencedoras quieren reforzarse y asegurar su valía con armas nucleares, dando un ejemplo drástico y definitivo, convencidas de que nadie las imitará, Francia hizo detonar sus primeras bombas atómicas en el Sáhara pero, cuando Argelia y su desierto lograron la independencia, tuvo que buscar un nuevo emplazamiento remoto y distante para su force de frappe. Primero barajaron el solitario atolón de Clipperton, después pensaron en el siempre nuboso archipiélago de Kerguelen, pero al final se decantaron por un lugar paradisíaco para esta misión destructiva: dos islas separadas por una laguna en el archipiélago de Tuamotu, lejos de los ojos del mundo: Moruroa y Fangataufa, dos atolones deshabitados, de naturaleza virgen y exhuberante"
Mal rollito nos ha dejado este último lugar; por ello voy a repetirme con el océano Pacífico, para resarcirnos de tan desagradable regusto a hiel. No nos vamos muy lejos: recalamos en las islas Cook, pertenecientes a Nueva Zelanda, en concreto a otro atolón con simpático nombre: Pukapuka.

Pukapuka (Google Earth)
Pukapuka es una de las islas Cook más septentrionales, localizándose a unas 400 millas náuticas al noreste de la isla de Samoa. Es un atolón remotísimo, con tres isletas arboladas que rodean la laguna arrecifal, y otra isleta en su extremo occidental, unido a las demás por una barrera coralina somera. En el asentamiento norteño, Roto, conviven unos 600 vecinos, en plan comunal por la cuenta que les trae.  Un verdadero paraíso: seguramente los virus no llegarán aquí, a menos que sean endémicos. Aviso a inversionistas y aspirantes a Robinsón de nuevo cuño.

Pukapuka, atolón paradisiaco (Pietro Pazzi)
Nos extasiamos:

"Robert Dean Frisbie se sienta en el mirador de la cámara de comercio de Pukapuka. Frente a él se extiende la mitad del poblado, un pequeño asentamiento de chozas de madera esparcidas sobre la arena de la playa; los niños juegan en la orilla y las mujeres trenzan sombreros de caña, bajo la suave brisa de la tarde, en el horizonte comienzan a aparecer las canoas de los pescadores que regresan al hogar. De repente una isleña irrumpe en su campo visual, corriendo en dirección al mirador; está completamente desnuda, mojada tras un baño en el océano, su cabello oscuro se pega a su rostro y gotea sobre el cuerpo de piel tostada. Le falta el aliento y pide algo para beber, mientras su pecho no deja de agitarse con respiración entrecortada"
Nos despedimos en el océano Antártico, ese mundo ignoto y helado que cautiva la imaginación de los más aventureros, y no de cualquier manera, sino visitando la gran isla Lauría, una de las islas Orcadas del Sur, de nada más y nada menos que 86 kilómetros cuadrados y de 14 a 45 habitantes, dependiendo de las necesidades de la Base Orcadas, perteneciente a Argentina. Por cierto, esta base es el asentamiento humano más antiguo de toda la Antártida. Mérito tiene, desde luego, porque también existía otra base, la Base C, y fue abandonada por los británicos.

La isla Laurie (Google Earth)
Se trata de una isla recubierta de hielo, montañosa, con numerosos acantilados, bahías y pedregosas playas heladas. El lugar más benévolo, entre dos playas, está ocupado por los barracones de la Base Orcadas.

La Base Orcadas (Blog Tierra de Pingüinos)
"Vio todo esto en febrero, cuando quedaron bloqueados por el hielo y no pudieron seguir avanzando hacia el sur, entonces decidieron pasar el invierno en Lauría. Tras fondear las playas de la orilla durante varios días, por fin encontraron un recodo seguro y resguardado para desembarcar, entonces Ramsay ya no pudo hacer nada más. Mientras la tripulación del Scotia se adentraba en las espesas capas de nieve para construir cabañas, clasificar colonias de pingüinos y realizar todo tipo de investigaciones meteorológicas y magnéticas, Ramsay permanecía en el barco, envuelto en numerosas mantas, acurrucado junto a la única estufa del camarote"
Hemos recorrido, junto con las indicaciones y los textos de la señora Schalansky, todos los océanos, buscando esas islas perdidas donde, presuntamente, nunca iremos físicamente, ya sea por falta de ganas, porque no es necesario, porque se nos va de precio o por cualquier razón de las millones que hay, una por habitante del planeta.

Sin embargo nunca está de más soñar, como lo hace el Sabina en su canción, y ponerme en la piel de personajes que nunca seré: negacionista en la isla del Oso, mico en Annobón, ateo en la isla de Navidad, promotor inmobiliario en Fangataufa, ciego en Pukapuka, nudista en Lauría...

¡Paz, paciencia, luz y vida!

sábado, 18 de abril de 2020

La ruta viviente (II)

Cntinuamos nuestra entrada anterior La ruta viviente (I), en la que repasábamos un curioso álbum de cromos publicado en 1960. Nos quedamos en las señales luminosas que, según nuestro peculiar manual de circulación, se dividen en tres categorías: señales de regulación o semáforos, señales de peligro y precaución y señales de balizamiento.

Nos detenemos en la ilustración referida a las primeras. Es muy graciosa, el semáforo -suponemos una licencia pedagógica- se sitúa en el centro del cruce entre dos vías ¡fantástico! Jamás he visto un semáforo así, pero haberlos haylos, como pasa con las meigas.

Semáforo estratégicamente colocado

Otro aspecto que llama la atención son las señales de los agentes de circulación, y no por las propias señales -vigentes hoy en día aunque haya sujetos y sujetas que no las conozcan- sino por el atuendo de los guardias de la época, con ese sombrero tan similar a un salacot subsahariano.

Guardia de la época

Con los brazos vemos que se pueden hacer múltiples cosas: se hacen imprescindibles en caso de avería de la parte eléctrica, o bien cuando la luz diurna priva de ver las señales ópticas. Imaginemos a los conductores de 1960 con el brazo fuera todo el trayecto; menos mal que, suponemos, habría menos automóviles circulando.

Dame la manita, Pepeluí
Seguimos con otro capítulo del álbum, dedicado a las reglas de circulación, con el título "El buen herrero en fragua se forja", lo que indica que nos hace falta trabajo y perseverancia, lo necesario para conseguir el perfecto dominio de una ciencia, un arte o un deporte.

El primer apartado es un breve compendio de las reglas de circulación que hay que tener presentes en zonas rurales.

Caos rural
14 ejemplos de lo que se debe y no se debe hacer circulando por un entorno rural nos deleitan, como prueban estos jugosos ejemplos: el conductor coge la curva demasiado cerrada y distrae su atención con la pequeña que guarda las vacas (alguno diría que es explotación infantil; yo le diría, condescendiente, que eran cosas de la época); el campesino corre el riesgo de que el coche al pasar tire la escalera, colocada imprudentemente en la carretera; el ciclista se deja remolcar por el camión pero además se distrae contemplando la circulación a su izquierda; el arado ha sido abandonado por descuido en la carretera y entorpece el tráfico; o es muy peligroso arrojar caramelos o calderilla desde un carruaje o vehículo en marcha, pues en su afán por recogerlos los pequeños se precipitan en la calzada, pudiendo ser atropellados por algún conductor sorprendido por su súbita aparición. La vida misma.

Consejos para conducir en el agro  



El siguiente apartado es la más relajada conducción por la ciudad aunque, no se crea el posible lector, bien pudiera entrañar riesgos considerables...

Ciudad relativamente despejada
Nos ofrece buenos consejos: este pasajero, desoyendo una de las reglas de circulación que prohíbe subir y bajar de los vehículos en marcha, ha intentado bajar del tranvía, ha resbalado y, como puede verse, corre el riesgo de ser atropellado; con el frenazo brusco, el pequeño (sentado sobre un tonel en la parte trasera abierta de un camión) corre el riesgo de caerse, es más conveniente sentarse al fondo del camión y no sobre las mercancías, máxime si éstas no van atadas; esta mamá llama asustada a su pequeña que se ha puesto a jugar en medio del paso de peatones u otra mamá que cruza en sentido diagonal la calzada, se detiene de improviso porque a su pequeña se le ha escapado el perrito. Riesgos de la city.

En la ciudad no hay menos riesgos

El último de los apartados sí que expresa la conducción temeraria: la circulación nocturna. 

Intimidante escena
 Debemos recordar: podría ocurrir que al no iluminar el camino no se cerciorara de la presencia de la viejecita, corriendo el peligro de atropellarla; a pesar del tráfico existente el ciclista no guarda su derecha, cabe la posibilidad de que esté deslumbrado por el reflejo de los faros del coche en el suelo mojado; es regla muy importante caminar siempre por la carretera en fila india, manteniendo el lado izquierdo, a fin de que sea posible divisar los coches que vienen hacia nosotros y para poder evitarlos a tiempo. La última recomendación no es moco de pavo, y he visto mucha gente saltándosela. Por favor, cuando circuléis a pie en carretera, HACEDLO POR EL ARCÉN IZQUIERDO, COÑE.

Peligros de la nocturnidad (y alevosía)
El álbum termina con un popurrí de fotos describiendo diferentes escenas que se daban en las carreteras y calles de la época. Son deliciosas, pondré algunas para deleite del personal más nostálgico.

La primera de ellas nos muestra un policía municipal regulando el tráfico desde una glorieta. Llama la atención tanto el vestuario del agente como el púlpito sobre el que dirige el tráfico. Por cierto, menuda pinta tiene el Citroën del fondo a la izquierda.

Bonito púlpito
La siguiente escena me gusta mucho, por su alto contenido educativo. Se trata de una patrulla escolar regulando la salida de clase de sus compañeros.  Parece ser que algunos colegios, en la actualidad, enseñan a los pequeños educación vial de esta forma que puede llegar a ser divertida para los protagonistas, y muy provechosa para toda la sociedad, habida cuenta del número creciente de desnortados que pueblan nuestras calles.

Patrullero escolar
Seguimos con un siniestro; en este caso la Policía Municipal inspeccionando a un vehículo accidentado. Una moto, para más señas.

Siniestro vintage
La siguiente imagen escenifica unos primeros auxilios en carretera. Quizás el motorista, embelesado por la belleza que montaba el sidecar, perdió el control y se fue contra un pino. Él ha salido peor parado que ella, parece. Igual no la volvió a ver, por imprudente y sobón.

Finalizamos aquí la reseña de este delicioso álbum de cromos que nos retrotrae a una época pasada, cuando en el mundo éramos menos y, posiblemente, más sencillos aunque no más simples. Un mundo analógico, con menos distracciones, quizás más humano. Probablemente peor en la mayoría de los aspectos, pero mejor en unos pocos. Un mundo distinto: sus coches, sus señales, sus gentes y sus modos de vivir.

Nuestros padres o abuelos. Un sincero homenaje para todos ellos.

¡Paz y paciencia!

martes, 3 de marzo de 2020

La ruta viviente (I)

Bajo este sugestivo título se esconde una simple curiosidad. Hace un tiempo -sin ni siquiera saber yo cómo- vino a mis manos un álbum de cromos bastante peculiar. Y vintage, de 1960. Y además español, patrocinado por la Sociedad Nestlé: la ruta viviente: edición escolar.

La ruta viviente: educación vial para jóvenes carrozas (La Gaceta de Gea)
No hace falta más que echar un vistazo a su portada para darnos cuenta de qué va el invento: un manual de educación vial para niños, en el formato que gusta -o gustaba, no sé- a los guajes de ayer y hoy: los cromos. Una buena idea, vamos, de ayer, de hoy, de siempre: educar divirtiendo, coleccionando, intercambiando lo que uno tiene y el compañero no: un semáforo en ámbar, un indicador de carretera de 2º orden, una foto de primeros auxilios en carretera. En esta frívola entrada repasaremos este bonito álbum, para nostálgicos, curiosos y otros inadaptados.

Comienza nuestro álbum con una somera historia del automóvil, que comienza con los alemanes Otto, Daimler y Benz, que habían estudiado la adaptación del motor de gasolina al automóvil. No faltan aquí imágenes del primer automóvil de gasolina, de Daimler, de 1866, o el primer Ford, de 1892. Por cierto, fue éste último fabricante el que difundió el coche para todos los públicos con su Ford T, llamado T por "tin", en inglés hojalata. No lo sabía, como tantas otras cosas.

El primer coche sin caballos de los que relinchan (La Gaceta de Gea)
Parece ser que, tras la introducción del modelo T en las carreteras, hubo una fuerte contestación social, declarándole los periódicos una guerra sin cuartel, alegando que estos monstruosos cacharros aterrorizaban a la población, quienes actuaban directamente contra todo conductor que se preciase, pasando de simples insultos a verdaderas batallas campales. El texto detalla que, antes de la Primera Guerra Mundial, se consideraba acto "heroico" arrojar piedras sobre los automovilistas.

El Fiat 600, un mito de las carreteras españolas (La Gaceta de Gea)
Pero las cosas cambiaron para nuestro chapado y querido amigo, que se transformó en el medio de transporte por excelencia, como reza el álbum económico, práctico y eficaz, además de beneficioso para la economía nacional. Quién te ha visto y quién te ve ahora: desacreditado, demonizado, hecho un desecho moral. Y es que los tiempos cambian, aunque últimamente todo parezca tan rápido.

Pasando las páginas aparecen más cromos de coches de la época: un 600 y otros cuya marca no reconozco (quizás un Pegaso), así como un coche americano y la famosa furgoneta Wolkswagen de los surferos, originalmente una furgoneta de reparto.

El vehículo de reparto más cotizado en la actualidad, el salvavidas delata su futuro uso (La Gaceta de Gea)
Tras esta sección introductoria tenemos las reglas de circulación para peatones que, en la actualidad, casi todos los ídem nos saltamos. Entre otras preguntas interesantes, de gran aplicación, hay una que me parece relevante, porque yo mismo he presenciado como mucha gente lo desconoce completamente: ¿por dónde debe caminar el peatón en las carreteras? Pues nuestro texto dice que en caso de no existir andenes especiales los peatones circularán por el lado izquierdo de la carretera, de este modo pueden ver los vehículos que avanzan hacia ellos y evitarlos en caso de peligro, ya que es muy peligroso caminar por la zona derecha pues la visibilidad es muy mala y resulta difícil ser distinguidos por los conductores" Amén, a ver si alguno aprende...

Preciosa moto de la época, a juego con los calcetines (La Gaceta de Gea)
Después habla de varias reglas y consejos de la circulación para motoristas y ciclistas. Aquí si que hay tela que cortar, puesto que muchos de ellos son tan irresponsables, o más, que sus compañeros de cuatro ruedas. Especialmente los ciclistas -yo lo soy-, que a veces nos cargamos de una superioridad moral que nos hace obviar cualquier cuidado, no dándonos cuenta de nuestra propia fragilidad. Hay una pregunta curiosa ¿está permitido circular sin coger el manillar, si con ello puede llevarse mejor el objeto que transporte? Respuesta: no está permitido, y sólo es lícito llevar aquellos objetos que no impidan al conductor el perfecto manejo del vehículo. Es decir, que no puedes llevar al churro o la churri (viva la paridad) dejando el manillar, por muchas ganas que tenga la lectora o el lector, o viceversa. Al menos, en aquellos tiempos. En la actualidad lo mejor, si coges una bici, es llevar casco y armadura toledana, por si las moscas.

¿La smart city del futuro? (La Gaceta de Gea)
Entramos en otra sección del álbum: las normas elementales para los conductores. Todas plenamente vigentes, incluso las normas para adelantar tranvías.  Tras ella, las señales de tráfico, agrupadas en cuatro categorías: señales de peligro (triangulares), preceptivas (redondas), informativas (rectangulares) y de ordenación y seguridad (marcas en el pavimento, luminosas y señales de agentes). Vamos a poner una página por cada tipo de señal, para admirar la belleza de sus dibujos, a pluma y acuarela, simplemente preciosos.

Señales de peligro (La Gaceta de Gea)
Señales preceptivas (La Gaceta de Gea)
Señales informativas ¿la del teléfono todavía se ve? (La Gaceta de Gea)
Después de esta bonita colección de señales vintage tan decorativas (ya me gustaría a mí tener alguna de éstas), entramos en las señales de ordenación y seguridad de la circulación.

Circulación en una ciudad que no reconozco ¿alguien sabe cuál es? (La Gaceta de Gea)
Se explica lo es un paso de peatones, la línea continua, discontinua y las flechas del suelo que indican las direcciones, llamadas aquí de preselección. También se explican las líneas blancas del pavimento que indican las plazas de aparcamiento. Todo exactamente igual que ahora, sólo cambian los modelos de vehículos, y de humanos, porqué no decirlo.

Plazas de aparcamiento (La Gaceta de Gea)
Dejamos ya esta ligera entrada, de las que permiten más deleitarse que pensar, hasta su continuación, donde hablaremos de semáforos, agentes de la circulación, señales ópticas y otros elementos carreteriles. Además, observaremos divertidas imágenes de la época, a todo color, que nos parecerán de otra galaxia, más que de otro tiempo.

¡Paz y bien, amigos míos!

miércoles, 5 de febrero de 2020

Impactos ambientales: el esquí (I)

Comenzamos una nueva sección en nuestro blog: los impactos ambientales. No se pretende, con esta sección, demonizar nada, ni siquiera a nosotros mismos ya que todos, queramos o no, ejercemos una presión sobre el medio.

Sin embargo, es bueno recordar las actividades que se pueden disfrutar al aire libre, de forma que estimemos una gradación -siempre sujeta a discusión- de las que más y menos agreden al medio, por pura curiosidad malsana. O por investigar, influir o incluso adoctrinar, aunque ésto último no me lo creo mucho, por la escasa proyección mediática de este blog. Y que yo prefiero que la gente piense un poco, tenga algo de independencia, lo consulte con la almohada. Y si ésta responde, tanto mejor.

Comenzamos esta serie con un deporte invernal muy popular, mediático y que reparte mucha pasta en ciertas zonas de alta montaña: el esquí en todas sus modalidades.

Estación de Valdesquí, entre Madrid y Segovia (Wikipedia)
Ciertamente, el esquí es una actividad humana antigua, tanto como la propia caza, ya que el hombre ha necesitado desplazarse en todo tipo de terrenos, en medios hostiles como los territorios nevados y helados, más abundantes en tiempos pretéritos que en la actualidad, cortesía de nuestro querido e ignorado cambio climático. De hecho, el ser humano ya sabía desplazarse de esta forma antes de la invención de la rueda, allá por el cuarto milenio antes de Cristo. De hecho hay evidencias arqueológicas, corroboradas por algunos historiadores griegos como Plinio o Heródoto, que mencionan rudimentarias raquetas, pieles o calzados especiales. En el norte de Noruega, más concretamente en la isla de Rooya, se encuentra uno de los testimonio más antiguos del uso de esquíes en forma de petroglifo.

Petroglifo de la isla de Rooya, en Noruega, ahora vandalizado (Smithsonianmag)
Desgraciadamente, el lugar ha sido vandalizado y destrozado por unos simpáticos jóvenes. Como vemos, esto no ocurre únicamente en España, sino también en determinados países que fardan de civilizados, de hygge, de minimalismo guay, de sociedades fetén. Aquí todos tenemos defectos, unos y otros, en nuestra civilizada Europa. Si no que se lo digan a los de las islas Feroe, con sus carnicerías de ballenas.

Hablando de arqueología, en Hoting (Noruega) apareció un trozo de madera de 4.500 años de antigüedad, supuestamente un esquí, aunque algunos autores sostienen que el primitivo esquí se originó en Asia Central, en la región de Altai, desde donde radió a otros lugares.

Ya en la época contemporánea, las primeras carreras de esquí se celebraron en Noruega entre 1850 y 1860, tras las innovaciones de Sondre Nordheim realizadas en Telemark.

Nordheim esquiando al estilo Telemark (historia del esquí)
 A partir de este momento empezó a popularizarse este deporte, gracias a la travesía de Nansen en 1888, a través de Groenlandia, toda una gesta de este gran personaje. Después hubo otros pioneros, como Mathias Zdarsky o Arnold Lunn, el inventor del slalom, en 1911. Desde entonces se han creado federaciones y multitud de campeonatos, lo que ha generado una gran afición de carácter puramente estacional. En todo el territorio español existen más de 40 estaciones de esquí alpino y de fondo.

Hay multitud de modalidades de esquí, la más conocida (y agresora del medio) es el esquí alpino, ya que depende de la estaciones de esquí. Esta modalidad se desarrolla en pistas descendentes de diferente dificultad, de muy fáciles (verdes), fáciles (azules), difíciles (rojas) y muy difíciles (negras). Para acceder a la parte superior de estas pistas es imprescindible la ayuda de los remontes mecánicos, con telesillas, telesquís y telecabinas.

También tenemos el esquí de travesía, que es un paseo, más bien horizontal, por el campo nevado, sin ayudas. Muy parecido al puro montañismo, y no tan lesivo para el medio ambiente. Otra modalidad parecida es el esquí de fondo o nórdico, en el que el deportista se desliza con esquíes y bastones por circuitos ya trazados. Para ello también existen estaciones especializadas. Hay otras modalidades menos conocidas y practicadas:  snowboard,  monoesquí, heliesquí, motoesquí, Telemark, trineos o parapente con esquíes. Nos vamos a centrar especialmente en los impactos del esquiador alpino y de fondo y, especialmente, en las estaciones de esquí.

En invierno, el suelo de algunas zonas en altitud se cubre de una gruesa capa de nieve, que lo protege de las actividades humanas de otras épocas del año. De la misma forma, también la vegetación queda protegida y aislada del viento gélido y las bajas temperaturas, favoreciendo su conservación y "descanso". Sin embargo, todas las benéficas propiedades protectoras de la nieve únicamente ocurren cuando su espesor es suficientemente grande.

Gruesa capa de nieve en Sierra Nevada (Pixabay)
Sin embargo, en la línea de árboles, zona de transición entre la vegetación baja de alta montaña, cubierta, y los grandes árboles alpinos, el espesor de la nieve desciende, y algunas plantas afloran sobre la nieve. Aquí es donde los jóvenes y tiernos rebrotes pueden ser arrancados por los esquiadores, cuando pasan por lugares cercanos a este límite, lo que incide en la correcta regeneración del bosque, y en la huida del los animales que allí viven, por la desaparición de su hábitat. Un ejemplo sería el topillo nival o neverón, que puede vivir cerca de estos entornos, en Sierra Nevada o en el Sistema Central.

El topillo nival, un auténtico superviviente (El Guadarramista)
Esta fauna también puede verse afectada por la práctica del esquí fuera de pistas o caminos acondicionados para esta actividad. El invierno es un periodo crítico para muchas especies animales, ya que la temperatura es muy baja y escasea la comida. Algunas han resuelto el problema hibernando, reduciendo su metabolismo al mínimo, lo que les permite vivir a expensas de sus reservas de grasa durante los meses invernales.

Otros animales presentan diferentes estrategias, como ralentizar sus actividades vitales con el fin de ahorrar el máximo de energía.

De esta forma, la presencia continuada de esquiadores en su hábitat puede resultar en la huida del animal y abandono de su refugio, con el gasto energético extra que esto le supone, lo que compromete su propia supervivencia.

Esquí de fondo en España (Mundo Deportivo)
Según algunos estudios realizados en países alpinos, la incursión de esquiadores en algunos bosques ha provocado alteraciones en determinadas poblaciones de urogallos, rebecos y corzos. En España este hecho no es tan habitual debido a que las prácticas de esquí suelen confinarse a las propias estaciones.

En cuanto a la práctica del esquí en pista o circuitos señalizados, los esquiadores pueden causar escasos daños, puesto que el impacto ambiental ya se ha producido antes, durante la fase de construcción de las mismas. De todas formas, en España tenemos el problema ubicuo, que comparten esquiadores, excursionistas, ciclistas, cazadores, organizadores de carreras y todo lo que se menee en el campo, es el abandono indiscriminado de basura. Es, por ello, necesario tener presente que toda la basura dejada sobre la nieve emergerá milagrosamente cuando ésta ya no exista, dejando un panorama verdaderamente desolador, ya que la materia orgánica y los restos biodegradables tardan mucho más en descomponerse en suelos nevados.

Volveremos a insistir sobre el impacto ambiental del esquí en una próxima entrada dedicada a las estaciones de esquí, lugar de peregrinaje de tantos y tantos aficionados.

lunes, 20 de enero de 2020

Elogio de lo pequeño (II)

Continuamos nuestra anterior entrada "Elogio de lo pequeño", que finalizamos mostrando el juego que dan las preparaciones microscópicas ya preparadas, valga la redundancia, ya sea compradas nuevas, en tiendas especializadas, o antiguas, en plataformas como Ebay. Para los novatos recomiendo adquirir las primeras, en las que suele rotularse cada preparación con el especimen, tipo de sección y de tinción, entre otros datos.

Por cierto, no he hablado todavía del arte de la tinción, que no es otra cosa que teñir, con diversos colorantes, nuestro espécimen, de forma que se resalten algunos componentes del mismo. Los colorantes básicos más utilizados son el azul de metileno, eosina, violeta de genciana, fucsina, safranina y Lugol. El azul de metileno, por ejemplo, puede teñir organismos sin matarlos, conociéndose esta técnica como coloración vital. También se puede dar rienda suelta a la imaginación y teñir con tinta china, de bolígrafo, colorantes alimentarios, pinturas varias y demás productos. Aquí es donde la ciencia deja paso al arte ¡quizás algún lector descubra una tinción que sirva para alguna novedosa aplicación!

Muestra teñida (Wikipedia)

Seguimos con los especimenes muertos, que son pocos y cobardes. A partir de este momento, todas las imágenes y vídeos están tomados por un servidos, con su modesto, algo arcaico pero eficaz equipamiento.

Y no hay nada más muerto que un producto químico. Aunque no tan muerto, oiga, porque si ese producto se disuelve en agua, se deposita sobre el portaobjetos y se deja secar, suele cristalizar de una manera u otra, dejando bellísimas maclas de colores cuando se observan al microscopio de polarización. Veamos algunos ejemplos.


En este vídeo podemos apreciar ácido ascórbico recristalizado sobre el portaobjetos. Al girar el filtro polarizador, del microscopio de polarización, vemos cómo los cristales van cambiando de color, según las características de sus diferentes moléculas, creando un efecto muy estético. Incluso, me atrevería a decir que se puede hacer arte, como demostré en las entradas Micropaisajes (I) y Micropaisajes (II).

Otro ejemplo, más llamativo, es la cristalización del oxalato de hierro, producto que obtuve al limpiar hierro oxidado con ácido oxálico. Simplemente se diluye una pequeña cantidad del polvo naranja en agua, se deja una gota en el portaobjetos y voilá, un precioso mosaico multicolor que se obtiene girando el prisma polarizador del microscopio.


Dejamos los especímenes inertes para centrarnos en la observación in vivo. Indudablemente es mucho, muchísimo, lo que se puede observar en una gota de agua bien escogida. Casi en cualquier muestra de agua -exceptuando la del grifo y el agua embotellada- posee microorganismos dignos de observación. Hay que buscar, especialmente, aguas naturalmente "sucias", con detritos y materia orgánica en descomposición: muestras de estanques, lagunas con vegetación de ribera, pilones de fuentes, abrevaderos, charcos de aguas turbias y demás. Estas muestras son especialmente valiosas en primavera, cuando miles de millones de algas colonizan la superficie de las aguas más eutrofizadas.

Comenzamos con lo más abundante que uno se puede encontrar en nuestra querida gota: algún ciliado. Los hay de todas la formas y tamaños posibles, desde el famoso paramecio hasta ejemplares de formas extrañas, incluso poligonales, que bien parecen cualquier otra cosa antes que un animal minúsculo. Incluso, ¡creo que no sería muy difícil encontrar una nueva especie!

Observemos un hermoso paramecio al contraste de fases. Se trata de un organismo muy interesante, especialmente por su vacuola pulsátil.


De vez en cuando se pueden observar ciliados curiosos, como este posible Linolotus (es difícil tener plena seguridad con tal cantidad de especies, ya lo comprobará el lector si se aficiona). Así, en imágenes, es difícil hacerse una idea del gran interés de los ciliados y otros protistas microscópicos, ya que lo más curioso e hipnótico es, sin duda, su comportamiento.

Posible Linolotus, al contraste de fase (La Gaceta de Gea)
Vamos a observar este singular animalillo en el siguiente vídeo. Sus movimientos -salvando las distancias- recuerdan vagamente a los de una comadreja olisqueando en el campo ¡cuánta ternura puede despertar un organismo tan sencillo!


Vamos a dejar los ciliados para introducirnos en uno de los animales microscópicos más comerciales: la ameba. Es un organismo que suele habitar los fondos de las charcas, donde se dedica a buscar alimento entre los detritos, mediante sus famosos pseudópodos.

Algunas amebas pueden causar enfermedades, pero no es lo habitual. Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos tenido contacto con estos animales tan abundantes ¡y aquí seguimos! Por tanto, que no cunda el pánico. Aquí observamos una hermosa Amoeba proteus buscándose la vida, al microscopio de contraste de fase.


En una próxima entrada seguiremos mostrando más maravillas microscópicas extraídas de mi archivo personal. Espero que el posible lector quede interesado por este aparato que es símbolo de la ciencia, de la curiosidad y del deseo, casi infantil aunque profundamente humano, de ver lo que no se ve, de atisbar lo que se intuye, de poner luz en la tiniebla.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Elogio de lo pequeño (I)

En alguna ocasión me han preguntado -la última mi compañero @cronicasdefauna, en GeaXplora- ¿por qué te gusta tanto observar cosas al microscopio? Buena pregunta, me respondo a mí mismo antes de contestar. Y es que no es una pregunta fácil, como tantas otras que implican la intimidad de uno. Yo suelo responder que me relaja, porque es cierto. Únicamente a mí; no creo que muchos de los organismos que observo estén precisamente relajados. Quizás más ocupados en su propia supervivencia, en sus cortísimas vidas, en su propia fragilidad, de la que probablemente no sean conscientes ¿o sí?

Anton van Leeuwenhoek, el padre de la microscopía (El microscopio y sus secretos, Ed. Bruguera 1969)
Tal vez mi motivación sea esa: comparar mi privilegiada vida de humano autoconsciente -a veces- con la de estos pequeños seres inocentes, que creemos inferiores a nosotros ¿lo son en realidad? Yo no lo tengo tan claro, al menos en su esencia. No sabemos si son conscientes de sí mismos; ni siquiera si un perro o un gato sabe de su existencia, si se mira al espejo y se dice a sí mismo "ese soy yo, con mis manchitas, mi rabo, mi historia y mis creencias irracionales" Un ser humano no se puede poner en la piel de un individuo de otra especie; a veces, ni siquiera, en la de uno de la propia ¿cómo estar seguro? La ciencia no llega a descubrir el problema de la consciencia, valga la redundancia. Ojalá lo haga algún día.

Como eso es verdadero y sumamente cierto -eso creo- yo digo y repito que todos los seres vivos tienen autoconsciencia a su manera, y punto pelota, zanjo la discusión. Al que no le guste que abandone, por su propio bien, esta página.

Ya finalizado el monólogo filosófico, diré que lo que más me mueve es la curiosidad, innata en mí. Doy gracias por tenerla sin duda alguna, aunque, a veces, la curiosidad mata al gato, ya se sabe. Aún recuerdo, con cierta nostalgia impropia en mí, mi primer contacto con la microscopía, a través de un maravilloso libro que mi madre me compró en la extinta Galerías Preciados de la calle Goya de Madrid, donde ahora se encuentra El Corte Inglés.


Con sus preciosas láminas a color, me impactó de tal forma que hasta lo leía -como recomiendan con ahínco los mejores proctólogos- sentado en el inodoro, imaginando que, algún día, vería esos ejemplares diminutos con mis propios ojos. Y ese día llegó, un día que estaba harto de suspender la asignatura "Cálculo de Estructuras III" en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, cuando me compré, de segunda mano, mi primer microscopio un poco serio, de la marca polaca PZO.

Actualmente, unos cuantos años después, no solo me motiva la curiosidad de observar lo pequeño en todas sus formas -lo animado o inanimado- sino también poder disfrutar de mis instrumentos vintage, cuya simple presencia en mi escritorio me produce un gran placer estético; es algo identitario para mí, como para otros es una ideología política, un equipo de fútbol o un Porsche Cayenne, por decir algunas plausibles alternativas. Por tanto, exhibiré mis microscopios sin pudor alguno.

El primero, y que más me gusta, es un Carl Zeiss Jena Lu Wd E de la década de 1940, armado con un condensador de campo claro descentrable, para iluminación de campo claro y oblicua. Y con su espejo, como las viejas glorias de la microscopía. Su sola visión y manejo es una delicia, exudando calidad por los cuatro costados.

Zeiss Jena Lu Wd, una belleza vintage (La Gaceta de Gea)
Otro de mis metálicos amigos es un Carl Zeiss Jena Nf, algo más moderno (1955-1965) y más polivalente que, además, dispone de iluminación integrada. Puedo elegir entre dos condensadores: uno con un revólver triple, que me ofrecen campo claro y campo oscuro, y un condensador de contraste de fase, que es el que más uso al ofrecer unas vistas espectaculares de seres trasparentes, que no se apreciarían con campo claro.

Zeiss Jena NF, versatilidad total (La Gaceta de Gea)
También poseo un Lomo MBR-3, aparato soviético copia de los Zeiss Jena (aquí se puede leer la apasionante historia de esta sinergia, que empezó tras la Segunda Guera Mundial), que uso indistintamente para cualquier técnica de iluminación, un Meopta en la sede de GeaXplora y un Lomo MBR-1, de viaje, en el maletero de mi Toyota Auris, por si surge la oportunidad. Ah, y un microscopio chino también copia de Zeiss Jena, en mi refugio vallisoletano. ¿Demasiados? Tal vez.

Ya efectuadas las presentaciones, nos podemos preguntar ¿qué podemos observar al microscopio? La respuesta es simple: todo lo que sea pequeño, vivo o muerto. Empecemos por lo muerto, que hay mucho y variado, comenzando con las preparaciones con especímenes ya montados. Pueden adquirirse cajas monotemáticas (zoología, histología, botánica) y cajas variadas, con multitud de especímenes diferentes. Son muy didácticas y útiles para introducirse en este apasionante y relajante mundo. En Ebay pueden obtenerse, también, cajas de preparaciones antiguas normalmente provenientes de hospitales, de contenido histológico o patológico, que pueden dar bastante grima al usuario.

Como ejemplo, voy a presentar algunos ejemplos de mis preparaciones montadas. Las fotos están sacadas con una sencilla cámara USB montada en el ocular del microscopio.

Diatomeas con iluminación de contraste de fase (La Gaceta de Gea)
Unas preparaciones muy bonitas son las de diatomeas y radiolarios. Las primeras son algas que constan de una cajita de sílice que alberga el contenido celular. Cuando mueren, se depositan y forman un polvo que es muy utilizado como fertilizante natural. Las segundas son unas amebas con esqueleto de sílice, usualmente marinas, con unos caparazones muy curiosos. Cuando muere el animal, estos caparazones se depositan en el fondo del océano.

Esqueletos de radiolarios al contraste de fase (La Gaceta de Gea)

También es posible hacer fotos, cuando se tienen preparaciones con especímenes grandes, sacando varias imágenes y componiéndolas. Yo utilizo, para ello, un programa gratuito llamado Hugin, que funciona muy bien. Dejo unos bonitos ejemplos, fotografiados con iluminación de campo claro.

Pólipo de Alcyonum (La Gaceta de Gea)
El primero es un pólipo de Alcyonum, una especie de coral. Como mide unos cuantos milímetros, he tenido que componer varias fotos.

Colonia de pólipos de Obelia (La Gaceta de Gea)

Aquí tenemos una composición de una colonia de pólipos de Obelia, un género de medusa que comienza su vida formando una especie de arbolillo con otras compañeritas de farra. Este arbolillo puede medir hasta 1 centímetro, con lo que he tenido que componer varias fotos.

Terminamos esta primera entrada con una sección de lombriz de tierra, una bonita y vieja preparación a la que tengo mucha estima por lo bien que se aprecian las tripas de animal.

Sección de lombriz de tierra (La Gaceta de Gea)
Se trata de una sección de casi 20 milímetros, con lo que tuve que sacar 20 fotos y componerlas. Quedó bastante bien, para ser una preparación de casi 100 años de antigüedad.

Terminamos esta primera entrada de "Elogio de lo pequeño" precisamente elogiando lo pequeño ya que, en mi opinión, los extremos se tocan y se puede apreciar lo grande en lo pequeño y viceversa. Por eso me gustan tanto la microscopía y la astronomía; para mí son lo mismo a escala diferente, pero la esencia profunda de todos los objetos, al final, es la misma. Una vibración, como parece predicar la física cuántica.

¡Hasta la próxima!

PD: Si alguien estuviera interesado en aprender más cosas sobre microscopía puede envianos un correo a geaxplora@gmail.com y, si hubiera suficientes interesados, se podría organizar un curso introductorio sobre este noble, complejo y divertido arte. También puede visitar nuestra web www.geaxplora.com.

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