domingo, 18 de octubre de 2020

Estrellas en la piedra (I)

La verdad es que hace tiempo que no escribo sobre patrimonio, sobre ruinas, sobre arqueología. Quizás porque me pasé todo mi doctorado hablando de ellas y de su aprovechamiento novedoso e imaginativo, aspecto en que la mayoría de académicos podrá disentir conmigo, o no. Nunca he acabado empachado del tema, aunque a veces me ha parecido que mis conclusiones no iban a caer en suelo fértil, sino en un pedregoso baldío. Al menos en España, aunque cambiará pronto, si Dios quiere y las autoridades competentes se caen del guindo de una puñetera vez.

Pues hoy toca, aunque no de algún trabajo mío, sino del de otros: hoy voy a loar a uno de mis científicos héroes, uno de los que, de guaje, me hubiera gustado imitar: Juan Antonio Belmonte Avilés, astrónomo del Instituto de Astrofísica de Canarias, ese increíble lugar que, algún día, me gustaría visitar.

El libro en cuestión (La Gaceta de Gea)
El sagaz lector se preguntará ¿qué tiene que ver un astrónomo con la arqueología? Se responderá automáticamente: la arqueoastronomía, como no podía ser menos, la ciencia que trata de analizar y explicar la orientación de los elementos arqueológicos; la posible relación emocional que podrían tener sus pretéritos constructores con el siempre evocador firmamento.

Dedicatoria del autor a un joven fan (La Gaceta de Gea)
Todavía recuerdo el día, en el ya lejano 2002, en el que asistí a la presentación -en el Museo Arqueológico Nacional- del libro que voy a ojear, que el propio Juan Antonio me dedicó, seguramente consciente de la prometedora carrera que el muchacho iba a emprender en el campo de la astronomía. No fue así -aunque poseo varios telescopios que intento usar- pero lo que sí compartimos, a buen seguro, el autor del libro y un servidor es la pasión y sed por la exploración, por triscar los campos, por entender lo que pisamos; en fin, la ilusión del conocimiento que tantas veces se nos escapa, y al que, probablemente, no se pueda acceder solo con la mente y los sentidos.

Abrimos el libro (La Gaceta de Gea)
El volumen tiene buen formato, es grande y grueso, con la mayoría de ilustraciones en blanco y negro y algunas a color, en páginas satinadas, más gruesas. Se divide en 10 partes: una interesante introducción, una bibliografía y los diferentes monumentos agrupados por zonas geográficas: la Península Ibérica, Francia, las islas del Mediterráneo, Península Itálica, Islas Canarias, África del Norte antes del Islam, ídem con el Islam y más allá del Mediterráneo occidental. Vamos a hacer un viaje por algunos de estos monumentos, viendo las conclusiones que sus autores extraen.

En la introducción, los autores explican las diferencias entre arqueoastronomía y astrotopografía, recalcando la incomprensión entre arqueólogos y arqueoastrónomos. Queda claro que cada colectivo, al menos en España, se protege como puede, cierra su parcelita, no se abre a otras propuestas que podrían ser enriquecedoras pero implican un cierto cambio mental, auspiciado por la tolerancia y el amor al conocimiento. Pero eso cuesta, y no estamos dispuestos a ceder nuestra comodidad intelectual. Por eso la ciencia, y todo lo demás, no avanza como debería. Está claro que el arqueotopógrafo únicamente toma anota y dibuja, y el arqueoastrónomo investiga, que es lo que les j... fastidia.

Comenzamos en la Península Ibérica, más concretamente en esa preciosa zona del Alentejo portugués, con sus densos bosques de alcornoques y roquedos graníticos, además de la increíble concentración de monumentos megalíticos que allí se ubican, entre sus preciosos pueblecillos blancos y tranquilos. Allí, unos kilómetros al sureste de Évora, se encuentra, según los autores del libro, la evidencia más antigua de orientación astronómica: el Anta Grande do Zambujeiro, construida aproximadamente en el IV milenio aC.

Impresionante dolmen: el Anta Grande do Zambujeiro (Flickr)
Se trata de una gran construcción que consiste en un largo pasillo, bastante bajo, y una cámara poligonal, cuya altura alcanza los 6 metros, techada con una losa pétrea. Cada bloque vertical, hincado en el suelo, se denomina ortostato; esta  anta posee 7 ortostatos en su cámara.

El anta, bajo su cubierta protectora, orientada al Este (Google Earth)
Vamos a buscar la ortofotografía del monumento, ya que es mucho y variado lo que se puede hacer con el Google Earth. En ella apreciamos que el monumento se orienta al este, a unos 95º. Para hacer esta medición in situ no hace falta más que una buena brújula. Respecto a la orientación de este monumento y otros similares, estudiados por los autores, se expresa:
"En realidad, cuando se examina con detalle el rango real de orientaciones y se tiene en cuenta la altura angular del horizonte, en aquellos pocos casos en que ésta es significativa, el rango de declinaciones obtenido queda comprendido exactamente entre la salida del sol en los dos solsticios, de forma que todas ellas sin excepción estarían orientadas al orto solar en algún momento del año. Sin embargo, como el rango de ortos lunares es más ancho que el de los solares, otra posibilidad es que la orientación sea hacia el orto de la luna en alguna época determinada."
Con esta apreciación queda claro que estos monumentos se orientan a la salida del sol o de la luna, un día determinado del año. Esto también ocurre en muchas iglesias, cuya cabecera o pórtico suele abrirse al este, quizás significando renacimiento, resurrección. Está claro que la necesidad de trascendencia trasciende -valga la redundancia- todas las épocas y lugares, ya que siempre queremos saber lo que hay ahí arriba, aunque algunos, intencionadamente o no, ahoguen este natural sentimiento de cualquier forma. Quizás llenamos nuestros días de tontas ocupaciones únicamente para no tener que pensar en esto, digo yo.

Vamos a ver otro ejemplo, que no aparece en el libro pero que me parece muy interesante, porque se aprecia el cambio de uso de los abandonos que tanto me gusta, no dejar morir los vestigios, transformarlos sin perder su esencia. Nos vamos no muy lejos, cerca de Beja, Santiago do Escoural, donde encontramos la capilla-dolmen de São Brissos.

El dolmen-capilla de Sao Brissos (Flickr Patrick Thiaudiere)
Se trata de un dolmen sacralizado en el siglo XVII, con los ortostatos cerrando el pequeño ábside. A algunos les parecerá mal, como siempre, pero prefiero ver esta pequeña capilla que unos pedruscos en medio del campo a los que nadie presta la más mínima atención. Lo que no se usa se pierde.

El dolmen de Sao Brissos, orientado al SSW-NNE (Google Earth)
Curiosamente, este monumento no cumple el patrón habitual de orientaciones al este, como el casi todos los monumentos megalíticos peninsulares, sino se orienta en una dirección suroeste-noreste. Es posible que esta diferencia de orientación se deba a que la dirección del eje de la capilla no se superponga exactamente al del anta, aunque no lo creo.


El cromlech de Xerez (La Gaceta de Gea)
Nos vamos no muy lejos a investigar un círculo de piedras realmente interesante: el cromlech de Xerez, cerca de Monsaraz, digno émulo de Stonehenge a lo ibérico. Como vemos en la foto aérea, parece que su extraña planta trapezoidal, con un menhir en el centro, posee un doble alineamiento a la salida del sol en el solsticio de verano y a la puesta en el solsticio de invierno, tomando alineaciones a partir del menhir central. Lo malo de este complejo es que se pueden sacar 4 orientaciones a partir del menhir central y 8 más alineando cada lado del trapecio. Para nota, vamos: un monumento único que no hay que perderse.

El cromlech de Xerez con su menhir central. Al ser trapezoidal hay orientaciones a cascoporro; aquí reseño la inferida por los autores (Google Earth)
Vamos a terminar nuestro recorrido peninsular -y este primer fascículo de nuestra serie "Estrellas en la piedra"- en el Monte Arabí, en Yecla (Murcia), preciosa excursión que pude realizar antes del Gran Confinamiento, como lo llaman algunos snobs y similares.

El monte Arabí desde el Arabilejo, donde se encuentran las cazoletas; en primer término la cueva del Mediodía (La Gaceta de Gea)

En este enclave, declarado Monumento Natural, se localizan varias cuevas y abrigos con paneles pintados, entre los que destacan motivos animalísticos y de antropomorfos de curiosas melenas, además de la enorme cueva de la Horadada, con sus paredes calizas coloreadas y moteadas de pequeñas vesículas: un lugar extraordinariamente pintoresco.

La cueva de la Horadada (La Gaceta de Gea)
La cueva de la Horadada (La Gaceta de Gea)

En el pie y la cima del pequeño Arabilejo, situado al sur del Arabí, aparecen más de 300 cazoletas distribuidas en 50 grupos. En la cumbre, muy fácilmente coronable, se supone que existía un asentamiento del Bronce, del que el que suscribe no ha encontrado traza alguna aunque lo que sí hay son unas cazoletas unidas por canalillos, como las que se pueden apreciar en otros lugares como el castro de Ulaca -donde aparecen éstas en el altar sacrificial- lo que podría implicar sangrientos sacrificios rituales.

Las cazoletas de la cima del Arabilejo (La Gaceta de Gea)
En relación con la astronomía -tema que nos ocupa- el autor infiere que las cazoletas pudieran servir de regla mnemónica para recordar números importantes relacionados con los ciclos astronómicos o, más sencillamente, que los conjuntos de cazoletas imitan asterismos celestes o constelaciones. El autor explica, para que no nos equivoquemos, que es una locura tratar de reconocer patrones estelares en todos y cada uno de los conjuntos de cazoletas que uno se encuentra por el camino. Pues eso, la imaginación excesiva en casa.

Así pues interesantísimo tema -que algunos meterán en el mismo saco de los ovnis, otras dimensiones, seres feéricos y demás magufadas- e interesantísimo libro cortesía del mayor divulgador patrio del asunto, que apasionará a exploradores avezados como el que escribe, frikis variopintos, arqueólogos sin prejuicios y científicos ídem. Para curiosos impenitentes, vamos.

Continuaremos con más ejemplos curiosos, en su mayoría explorados por mí mismo, algunos conocidos y otros no tanto.

¡Paz y bien!

PD: como habrá podido ver el posible lector, hace tiempo que no publicaba en este medio, debido a que mis musas se habían tomado unas merecidas vacaciones. Parece que han vuelto con ganas de marear, por lo que voy a intentar escribir entradas más cortas pero más frecuentes. Temas apasionantes haberlos haylos.

viernes, 15 de mayo de 2020

Entrevista: aprovechemos el territorio, que para luego es tarde

Hoy cambio de tercio, ya que me siento muy honrado. Y tan contento estoy que vivo sin vivir en mí, como diría Santa Teresa de Jesús. Y es que me han hecho una entrevista, cosa que no ha sido muy habitual en mi vida profesional.

Es por ello que voy a trasladar aquí la entrevista de ProntoPro.es, realizada por Marta Sánchez:

https://www.prontopro.es/blog/aprovechamiento-del-territorio-para-un-modelo-productivo-mas-sostenible/

Aprovechamiento del territorio para un modelo productivo más sostenible

Publicado el 15 mayo 2020 por Marta Sánchez

Javier M. Fernández-Rico, experto en estudios y actividades de aprovechamiento territorial en Madrid, es Doctor Arquitecto (Ordenación del Territorio) y Ambientólogo colegiado. Este madrileño a lo largo de los años ha estudiado y escrito sobre el aprovechamiento de los elementos territoriales olvidados, causados por el abandono o la despoblación. 

Su motivación para su labor profesional proviene de, en primer lugar, la vocación naturalista y de exploración que comparte con su socio Eugenio. Además, ambos creen necesario un cambio en el modelo productivo español, pasando de un modelo eminentemente basado en la construcción masiva y el turismo a otro más equilibrado, más sostenible y basado en el aprovechamiento de los recursos ya existentes, es decir, reciclar recursos, darles un nuevo uso.

GeaXplora es una empresa joven, fundada en septiembre de 2019, por Eugenio Fernández Sánchez, Ingeniero y conocido divulgador de la naturaleza, y el propio Javier M. Fernández Rico. Cuentan con un grupo de colaboradores: agrónomos, biólogos, arquitectos e ingenieros. Son una consultoría, aunque prefieren llamarse estudio o taller de aprovechamiento de elementos territoriales. Por aprovechamiento se refieren a que en España no tenemos, a diferencia de otros países europeos, implantada la cultura de las tres R del reciclaje (reducir, reciclar y reutilizar). 

A nivel del territorio, esto significa que, por diversas razones, muchos elementos (fincas, terrenos, edificios, pueblos enteros) han quedado abandonados y otros directamente se han obviado porque nunca se les ha dado un uso concreto. GeaXplora responde a la necesidad imperiosa, por motivos de sostenibilidad y de racionalidad, de estudiar y proyectar el aprovechamiento de estos elementos, mediante soluciones vanguardistas y novedosas, adaptadas a los tiempos cambiantes que corren.

Su área de especialización es redactar estudios y proyectos de aprovechamiento de elementos: proyectos arquitectónicos de rehabilitación y restauración de edificios en desuso, proyectos agronómicos de cambio de cultivos, estudios ambientales de suelos y aguas, estudios de aprovechamiento de fincas rústicas, bosques y elementos naturales. También ofrecen estudios de implantación de flora y fauna (rewilding), de recuperación de ecosistemas y de restauración ambiental.

En GeaXplora.com ofrecéis servicios de consultoría medioambiental, ¿cuáles son los servicios disponibles en este campo? ¿Cuál creéis que es la importancia de fomentar estos estudios en los proyectos de las comunidades?

Nosotros confeccionamos estudios y proyectos de aprovechamiento de elementos tanto patrimoniales como naturales: rehabilitación de elementos rurales, cambio de cultivos no rentables, fincas rústicas sin uso ni beneficio, uso sostenible y recuperación de bosques y otros elementos naturales, así como recuperación de ecosistemas y de restauración ambiental de elementos como minas abandonadas, vertederos, urbanizaciones abandonadas, etc.

¿Qué parte de tu equipo de trabajo es esencial? ¿Hay algún elemento que nunca debería faltar al realizar una consultoría de este tipo y por qué?

La prospección de campo y metodología de análisis son aspectos esenciales. Nosotros no podemos hacer teletrabajo, tenemos que visitar al cliente y conocer in situ los elementos que tiene desaprovechados (tierras que no producen, fincas que no generan rendimiento, edificios abandonados, etc.), así como otros posibles elementos que el cliente nunca hubiera pensado que se pudieran aprovechar.
Foto: Javier M. Fernández-Rico

¿Cuál ha sido vuestra experiencia profesional? ¿Cómo está integrado el equipo de profesionales que integran la empresa?

La empresa es muy joven, aunque tanto Eugenio como yo poseemos amplia experiencia en la restauración y rehabilitación del patrimonio y en restauración ambiental. Poseemos sólidos conocimientos de geografía y de todo lo relacionado con el medio ambiente, así como habilidades técnicas más que suficientes.

¿Qué aspectos deben tomarse en cuenta para un estudio de aprovechamiento territorial? ¿Qué etapas se incluyen en este análisis?

Lo principal es efectuar una buena prospección y un buen examen de los elementos territoriales propiedad del cliente (fincas, edificios, tierras de cultivo, ganadería, etc). 
Después, utilizamos una metodología propia para evaluar la potencialidad de aprovechamiento de esos recursos, para luego proponer actuaciones al cliente. Tras este examen y diagnóstico, podemos acompañar al cliente en las obras o actuaciones necesarias para poner en valor estos elementos patrimoniales: dirección de obra o servicio, marketing y asesoría en redes sociales.
Foto: Javier M. Fernández-Rico

Aprovechando la riqueza inherente al reciclaje

GeaXplora apuesta por poner en valor el patrimonio olvidado y los territorios desaprovechados en gran parte de nuestro país. Sobre todo en aquellos lugares más afectados por la despoblación y que entran en el círculo vicioso de falta de población y de actividades que generen rendimiento económico, problemas que suponen las dos partes de la tijera que corta las expectativas de desarrollo de muchos lugares. Los expertos de GeaXplora contribuyen a luchar contra esta situación apostando por modelos de generación de riqueza y valor más sostenibles, ecológicos y razonables.

martes, 5 de mayo de 2020

Islas remotas (a las que me gustaría ir)


Ahora que parece que las medidas de confinamiento propiciadas por nuestro microscópico enemigo, el COVID-19, se empiezan a relajar, los que hemos permanecido en dique seco -sin poder salir nada más que lo imprescindible- tenemos ganas de salir, tal vez soñar, tal vez escapar durante un rato de la forzada rutina doméstica. Aunque esto no sea aún muy conveniente, ojo. Aviso a navegantes, incluido el que suscribe, que atisbo optimismo rebosante.

Justo antes del virológico evento, mi querido hermano Alberto -excelente fotógrafo y artista plástico, cuya web es www.albertodavidfernandez.com- me regaló este peculiar libro: Altas de Islas Remotas, de Judith Schalansky. Un libro precioso que retrata, según su autora, cincuenta islas en las que nunca estuve y a las que nunca iré. ¿Por qué esa falta de ganas de conocerlas? ¿Qué ocurre en esos lejanos lugares? Exploremos juntos, querido lector...

Lo primero es resaltar que se trata de un libro muy agradable en su edición, de buena factura, agradable papel y buen diseño de sus páginas, recordándome, en cierto modo, algunos libros de arquitectura y diseño. Si alguien se quiere hacer con un ejemplar, temiéndose que esta entrada no es más que un indeseado spoiler, aquí le dejo una posible librería donde adquirirlo.


Sin embargo, nada más alejado de la realidad. No es un libro de viajes, aunque a más de uno -con mucha pasta o subvencionado o patrocinado- se le puede ocurrir visitar alguno de estos enclaves, sino un muestrario geográfico-poético de islotes desconocidos para el gran público. Ya lo dice la autora en la introducción: "Este atlas no es, por lo tanto, un manual de geografía, sino un proyecto poético; y parto de la siguiente premisa: una vez que resulta posible viajar alrededor de todo el globo terráqueo, solo nos queda un reto: permanecer en casa y descubrirlo desde allí" Disiento de la autora: a día de hoy, el reto no es llegar a cualquiera de esas islas, sino llegar simplemente a la acera de enfrente...

Unas páginas del libro (La Gaceta de Gea)

El libro se ordena en varios capítulos correspondientes a los diferentes océanos y sus islas remotas. Voy a iniciar mi excursión poético-geográfica eligiendo algunas islas, presentándoselas al Google Earth -como hice en esta anterior entrada- y expondré el párrafo que más me llame la atención de cada enclave.

Comenzamos por el océano Glacial Ártico, más concretamente a la isla del Oso (Bjørnøya), en el archipiélago de Svalbard, perteneciente a Noruega aunque fuera del espacio Schengen. Se trata de un frígido islote que cuenta con 9 habitantes -todos trabajando en la estación meteorológica de la isla- y está a medio camino entre los fiordos del norte de Noruega y la isla de Svalbard. Por cierto, parece que todas estas islas, según algunos estudios, son las más afectadas por el cambio climático.

La isla del Oso (Google Earth)
Se trata de una isla desolada que fue explotada para la caza y minería de carbón. Todo su relieve se descuelga del pico Miseryfjellet, y en su ladera occidental (vista en la ortofoto) aparecen multitud de lagunas, muy aptas para el asueto de las aves más septentrionales del planeta. Un paraíso del birdwatcher más curtido, sin duda.


El Myseryfjellet de la isla del Oso (Wikimedia Commons)
Nuestro atlas nos narra:

"El barón de los pájaros recoge cuatro huevos enteros y uno roto, los envuelve en un pañuelo de bolsillo y se los lleva al barco. Los otros exploradores descubren unas alcas tordas que vuelan junto a las aliblancas, descerrajan varios tiros y un ejemplar de colorido plumaje se desploma sobre el agua blanca. El viaje ha merecido la pena, ya tienen suficientes evidencias de la existencia de la isla. Los coleccionistas están satisfechos y, mientras recuentan su botín, una bandada de gaviotas devora los restos de una ballena en la playa"
Nos vamos a otro charco, esta vez al océano Atlántico por su parte africana: visitamos la isla de Annobón, también llamada de Año Nuevo, perteneciente a Guinea Ecuatorial. Se trata de la más remota de las islas del golfo de Guinea, localizándose al sur de la isla de Santo Tomé y Príncipe.

Isla de Annobón (Guinea Ecuatorial)

Se trata de una isla volcánica -lo que en geología llamamos un punto caliente- que presenta dos paisajes diferentes, muy definidos. Al norte, un paisaje semidesértico definido por la presencia del pico del Fogo y el cráter A Pot, una laguna que me recuerda vagamente al Rano Kao, en la maravillosa Rapa Nui.

Laguna A Pot con el pico do Fogo (Wikimedia Commons)
Al sur de la isla, como contrapunto, surgen cafetales, cocoteros y plantaciones de cacao, entre la selva húmeda. Se trata de un isla poblada por 5000 personas, no como la anterior; debe ser cosa del clima. Veamos qué nos sugiere el libro:
"A las 10 de la mañana del 4 de octubre la misión es interrumpida de modo abrupto y sin ningún tipo de explicación. Los oficiales al mando ordenan el cese inmediato de todas las emisiones y la retirada de todas las antenas; los radioaficionados solo tienen tres horas para desmantelar la estación y ese mismo día los montan en un avión de mercancías ruso que los lleva hasta Malabo. No pueden llevar consigo ningún material fotográfico y las llamadas telefónicas con sus familiares no dejan de entrecortarse. DJ9ZB y EA5FO reciben autorización para abandonar el país dos días más tarde, pero EA5BYP y EA5YN son detenidos"
Nos mudamos de océano, esta vez ponemos rumbo al vecino Índico para recalar en la isla de Navidad (Christmas Island), perteneciente a Australia. Se ubica a unas 200 millas náuticas al sur de la parte occidental de la isla de Java, y cuenta con 1420 habitantes, siendo su asentamiento mas importante Flying Fish Cove. A nivel natural es muy importante por la cantidad de endemismos, tanto faunísticos como botánicos, que posee. Es por ello que más de la mitad de la isla es Parque Nacional.

La isla de Navidad, en Australia (Google Earth)

La isla se configura como la parte superior de una enorme montaña sumergida de más de 4.500 metros de altura, por lo que no es de extrañar que su perímetro esté jalonado de profundos acantilados. Las fuentes de ingresos de sus habitantes son el turismo natural y, curiosamente, la emisión de sellos postales dedicados al coleccionismo.

La capital de la isla, Flying Fishing Cove (Wikipedia)
De este extraordinario e idílico enclave nos cuenta nuestro libro:
"No todos logran cumplir esa misión, sus enemigos acechan por todos lados, pero los cangrejos no saben dónde o cuándo les atacarán. Las hormigas araña amarillas simplemente aparecieron un día, es probable que las trajera un visitante de la isla, de modo inadvertido. Esta especie invasora no mide más de cuatro milímetros, pero su ejército resulta completamente aniquilador. Las distintas colonias de hormigas conviven de modo pacífico y sus reinas han firmado un pacto fatídico: todas juntas han constituido  una gran colonia unida, una fuerza ominosa, todo un imperio"
Nos largamos al Pacífico, que es donde más islotes desconocidos tenemos. Aterrizamos en el que su nombre más gracia me ha hecho: Fangataufa, en el archipiélago Tuamotu, perteneciente a la Polinesia Francesa. Por cierto, a una de las islas pertenecientes a Tuamotu, el atolón de Raroia, arribó en 1947 el gran explorador noruego Thor Heyerdahl, a bordo de su célebre balsa Kon-Tiki.

El pequeño atolón Fangataufa, el canal de la laguna arrecifal se puede apreciar en la parte superior (Google Earth)

Fangataufa no es una isla a la vieja usanza: es un atolón. Esto y más cosas explicábamos en la entrada "Millones de atolones", en la que definimos atolón como un arrecife situado en mar abierto, en forma de anillo, con una laguna arrecifal interior. Pues eso es lo que es Fangataufa: un pequeño atolón utilizado por Francia para efectuar pruebas nucleares ¡nefasto uso para este bellísimo enclave! Originalmente la laguna arrecifal interior no tenía canal al océano, pero fue abierto en una de las explosiones.

Vista de la pobre Fangataufa (Getty Images)
¿Adivinamos lo que nos puede narrar nuestro atlas? Cada vez me confirmo más en mi convicción de que nosotros, los españoles, a lo largo de nuestra tumultuosa historia y a pesar de la mala fama que otras potencias nos han inculcado (en algunas regiones recibida con verdadero entusiasmo), hemos cometido muchas menos burradas y barrabasadas que otras naciones presuntamente puras y dignas. Como muestra un botón.
"Se han repartido las colonias y han ganado las dos guerras mundiales, pero no resulta suficiente: si quieren convertirse en potencias mundiales, los aliados necesitan la bomba. Estas cuatro naciones vencedoras quieren reforzarse y asegurar su valía con armas nucleares, dando un ejemplo drástico y definitivo, convencidas de que nadie las imitará, Francia hizo detonar sus primeras bombas atómicas en el Sáhara pero, cuando Argelia y su desierto lograron la independencia, tuvo que buscar un nuevo emplazamiento remoto y distante para su force de frappe. Primero barajaron el solitario atolón de Clipperton, después pensaron en el siempre nuboso archipiélago de Kerguelen, pero al final se decantaron por un lugar paradisíaco para esta misión destructiva: dos islas separadas por una laguna en el archipiélago de Tuamotu, lejos de los ojos del mundo: Moruroa y Fangataufa, dos atolones deshabitados, de naturaleza virgen y exhuberante"
Mal rollito nos ha dejado este último lugar; por ello voy a repetirme con el océano Pacífico, para resarcirnos de tan desagradable regusto a hiel. No nos vamos muy lejos: recalamos en las islas Cook, pertenecientes a Nueva Zelanda, en concreto a otro atolón con simpático nombre: Pukapuka.

Pukapuka (Google Earth)
Pukapuka es una de las islas Cook más septentrionales, localizándose a unas 400 millas náuticas al noreste de la isla de Samoa. Es un atolón remotísimo, con tres isletas arboladas que rodean la laguna arrecifal, y otra isleta en su extremo occidental, unido a las demás por una barrera coralina somera. En el asentamiento norteño, Roto, conviven unos 600 vecinos, en plan comunal por la cuenta que les trae.  Un verdadero paraíso: seguramente los virus no llegarán aquí, a menos que sean endémicos. Aviso a inversionistas y aspirantes a Robinsón de nuevo cuño.

Pukapuka, atolón paradisiaco (Pietro Pazzi)
Nos extasiamos:

"Robert Dean Frisbie se sienta en el mirador de la cámara de comercio de Pukapuka. Frente a él se extiende la mitad del poblado, un pequeño asentamiento de chozas de madera esparcidas sobre la arena de la playa; los niños juegan en la orilla y las mujeres trenzan sombreros de caña, bajo la suave brisa de la tarde, en el horizonte comienzan a aparecer las canoas de los pescadores que regresan al hogar. De repente una isleña irrumpe en su campo visual, corriendo en dirección al mirador; está completamente desnuda, mojada tras un baño en el océano, su cabello oscuro se pega a su rostro y gotea sobre el cuerpo de piel tostada. Le falta el aliento y pide algo para beber, mientras su pecho no deja de agitarse con respiración entrecortada"
Nos despedimos en el océano Antártico, ese mundo ignoto y helado que cautiva la imaginación de los más aventureros, y no de cualquier manera, sino visitando la gran isla Lauría, una de las islas Orcadas del Sur, de nada más y nada menos que 86 kilómetros cuadrados y de 14 a 45 habitantes, dependiendo de las necesidades de la Base Orcadas, perteneciente a Argentina. Por cierto, esta base es el asentamiento humano más antiguo de toda la Antártida. Mérito tiene, desde luego, porque también existía otra base, la Base C, y fue abandonada por los británicos.

La isla Laurie (Google Earth)
Se trata de una isla recubierta de hielo, montañosa, con numerosos acantilados, bahías y pedregosas playas heladas. El lugar más benévolo, entre dos playas, está ocupado por los barracones de la Base Orcadas.

La Base Orcadas (Blog Tierra de Pingüinos)
"Vio todo esto en febrero, cuando quedaron bloqueados por el hielo y no pudieron seguir avanzando hacia el sur, entonces decidieron pasar el invierno en Lauría. Tras fondear las playas de la orilla durante varios días, por fin encontraron un recodo seguro y resguardado para desembarcar, entonces Ramsay ya no pudo hacer nada más. Mientras la tripulación del Scotia se adentraba en las espesas capas de nieve para construir cabañas, clasificar colonias de pingüinos y realizar todo tipo de investigaciones meteorológicas y magnéticas, Ramsay permanecía en el barco, envuelto en numerosas mantas, acurrucado junto a la única estufa del camarote"
Hemos recorrido, junto con las indicaciones y los textos de la señora Schalansky, todos los océanos, buscando esas islas perdidas donde, presuntamente, nunca iremos físicamente, ya sea por falta de ganas, porque no es necesario, porque se nos va de precio o por cualquier razón de las millones que hay, una por habitante del planeta.

Sin embargo nunca está de más soñar, como lo hace el Sabina en su canción, y ponerme en la piel de personajes que nunca seré: negacionista en la isla del Oso, mico en Annobón, ateo en la isla de Navidad, promotor inmobiliario en Fangataufa, ciego en Pukapuka, nudista en Lauría...

¡Paz, paciencia, luz y vida!

sábado, 18 de abril de 2020

La ruta viviente (II)

Cntinuamos nuestra entrada anterior La ruta viviente (I), en la que repasábamos un curioso álbum de cromos publicado en 1960. Nos quedamos en las señales luminosas que, según nuestro peculiar manual de circulación, se dividen en tres categorías: señales de regulación o semáforos, señales de peligro y precaución y señales de balizamiento.

Nos detenemos en la ilustración referida a las primeras. Es muy graciosa, el semáforo -suponemos una licencia pedagógica- se sitúa en el centro del cruce entre dos vías ¡fantástico! Jamás he visto un semáforo así, pero haberlos haylos, como pasa con las meigas.

Semáforo estratégicamente colocado

Otro aspecto que llama la atención son las señales de los agentes de circulación, y no por las propias señales -vigentes hoy en día aunque haya sujetos y sujetas que no las conozcan- sino por el atuendo de los guardias de la época, con ese sombrero tan similar a un salacot subsahariano.

Guardia de la época

Con los brazos vemos que se pueden hacer múltiples cosas: se hacen imprescindibles en caso de avería de la parte eléctrica, o bien cuando la luz diurna priva de ver las señales ópticas. Imaginemos a los conductores de 1960 con el brazo fuera todo el trayecto; menos mal que, suponemos, habría menos automóviles circulando.

Dame la manita, Pepeluí
Seguimos con otro capítulo del álbum, dedicado a las reglas de circulación, con el título "El buen herrero en fragua se forja", lo que indica que nos hace falta trabajo y perseverancia, lo necesario para conseguir el perfecto dominio de una ciencia, un arte o un deporte.

El primer apartado es un breve compendio de las reglas de circulación que hay que tener presentes en zonas rurales.

Caos rural
14 ejemplos de lo que se debe y no se debe hacer circulando por un entorno rural nos deleitan, como prueban estos jugosos ejemplos: el conductor coge la curva demasiado cerrada y distrae su atención con la pequeña que guarda las vacas (alguno diría que es explotación infantil; yo le diría, condescendiente, que eran cosas de la época); el campesino corre el riesgo de que el coche al pasar tire la escalera, colocada imprudentemente en la carretera; el ciclista se deja remolcar por el camión pero además se distrae contemplando la circulación a su izquierda; el arado ha sido abandonado por descuido en la carretera y entorpece el tráfico; o es muy peligroso arrojar caramelos o calderilla desde un carruaje o vehículo en marcha, pues en su afán por recogerlos los pequeños se precipitan en la calzada, pudiendo ser atropellados por algún conductor sorprendido por su súbita aparición. La vida misma.

Consejos para conducir en el agro  



El siguiente apartado es la más relajada conducción por la ciudad aunque, no se crea el posible lector, bien pudiera entrañar riesgos considerables...

Ciudad relativamente despejada
Nos ofrece buenos consejos: este pasajero, desoyendo una de las reglas de circulación que prohíbe subir y bajar de los vehículos en marcha, ha intentado bajar del tranvía, ha resbalado y, como puede verse, corre el riesgo de ser atropellado; con el frenazo brusco, el pequeño (sentado sobre un tonel en la parte trasera abierta de un camión) corre el riesgo de caerse, es más conveniente sentarse al fondo del camión y no sobre las mercancías, máxime si éstas no van atadas; esta mamá llama asustada a su pequeña que se ha puesto a jugar en medio del paso de peatones u otra mamá que cruza en sentido diagonal la calzada, se detiene de improviso porque a su pequeña se le ha escapado el perrito. Riesgos de la city.

En la ciudad no hay menos riesgos

El último de los apartados sí que expresa la conducción temeraria: la circulación nocturna. 

Intimidante escena
 Debemos recordar: podría ocurrir que al no iluminar el camino no se cerciorara de la presencia de la viejecita, corriendo el peligro de atropellarla; a pesar del tráfico existente el ciclista no guarda su derecha, cabe la posibilidad de que esté deslumbrado por el reflejo de los faros del coche en el suelo mojado; es regla muy importante caminar siempre por la carretera en fila india, manteniendo el lado izquierdo, a fin de que sea posible divisar los coches que vienen hacia nosotros y para poder evitarlos a tiempo. La última recomendación no es moco de pavo, y he visto mucha gente saltándosela. Por favor, cuando circuléis a pie en carretera, HACEDLO POR EL ARCÉN IZQUIERDO, COÑE.

Peligros de la nocturnidad (y alevosía)
El álbum termina con un popurrí de fotos describiendo diferentes escenas que se daban en las carreteras y calles de la época. Son deliciosas, pondré algunas para deleite del personal más nostálgico.

La primera de ellas nos muestra un policía municipal regulando el tráfico desde una glorieta. Llama la atención tanto el vestuario del agente como el púlpito sobre el que dirige el tráfico. Por cierto, menuda pinta tiene el Citroën del fondo a la izquierda.

Bonito púlpito
La siguiente escena me gusta mucho, por su alto contenido educativo. Se trata de una patrulla escolar regulando la salida de clase de sus compañeros.  Parece ser que algunos colegios, en la actualidad, enseñan a los pequeños educación vial de esta forma que puede llegar a ser divertida para los protagonistas, y muy provechosa para toda la sociedad, habida cuenta del número creciente de desnortados que pueblan nuestras calles.

Patrullero escolar
Seguimos con un siniestro; en este caso la Policía Municipal inspeccionando a un vehículo accidentado. Una moto, para más señas.

Siniestro vintage
La siguiente imagen escenifica unos primeros auxilios en carretera. Quizás el motorista, embelesado por la belleza que montaba el sidecar, perdió el control y se fue contra un pino. Él ha salido peor parado que ella, parece. Igual no la volvió a ver, por imprudente y sobón.

Finalizamos aquí la reseña de este delicioso álbum de cromos que nos retrotrae a una época pasada, cuando en el mundo éramos menos y, posiblemente, más sencillos aunque no más simples. Un mundo analógico, con menos distracciones, quizás más humano. Probablemente peor en la mayoría de los aspectos, pero mejor en unos pocos. Un mundo distinto: sus coches, sus señales, sus gentes y sus modos de vivir.

Nuestros padres o abuelos. Un sincero homenaje para todos ellos.

¡Paz y paciencia!

martes, 3 de marzo de 2020

La ruta viviente (I)

Bajo este sugestivo título se esconde una simple curiosidad. Hace un tiempo -sin ni siquiera saber yo cómo- vino a mis manos un álbum de cromos bastante peculiar. Y vintage, de 1960. Y además español, patrocinado por la Sociedad Nestlé: la ruta viviente: edición escolar.

La ruta viviente: educación vial para jóvenes carrozas (La Gaceta de Gea)
No hace falta más que echar un vistazo a su portada para darnos cuenta de qué va el invento: un manual de educación vial para niños, en el formato que gusta -o gustaba, no sé- a los guajes de ayer y hoy: los cromos. Una buena idea, vamos, de ayer, de hoy, de siempre: educar divirtiendo, coleccionando, intercambiando lo que uno tiene y el compañero no: un semáforo en ámbar, un indicador de carretera de 2º orden, una foto de primeros auxilios en carretera. En esta frívola entrada repasaremos este bonito álbum, para nostálgicos, curiosos y otros inadaptados.

Comienza nuestro álbum con una somera historia del automóvil, que comienza con los alemanes Otto, Daimler y Benz, que habían estudiado la adaptación del motor de gasolina al automóvil. No faltan aquí imágenes del primer automóvil de gasolina, de Daimler, de 1866, o el primer Ford, de 1892. Por cierto, fue éste último fabricante el que difundió el coche para todos los públicos con su Ford T, llamado T por "tin", en inglés hojalata. No lo sabía, como tantas otras cosas.

El primer coche sin caballos de los que relinchan (La Gaceta de Gea)
Parece ser que, tras la introducción del modelo T en las carreteras, hubo una fuerte contestación social, declarándole los periódicos una guerra sin cuartel, alegando que estos monstruosos cacharros aterrorizaban a la población, quienes actuaban directamente contra todo conductor que se preciase, pasando de simples insultos a verdaderas batallas campales. El texto detalla que, antes de la Primera Guerra Mundial, se consideraba acto "heroico" arrojar piedras sobre los automovilistas.

El Fiat 600, un mito de las carreteras españolas (La Gaceta de Gea)
Pero las cosas cambiaron para nuestro chapado y querido amigo, que se transformó en el medio de transporte por excelencia, como reza el álbum económico, práctico y eficaz, además de beneficioso para la economía nacional. Quién te ha visto y quién te ve ahora: desacreditado, demonizado, hecho un desecho moral. Y es que los tiempos cambian, aunque últimamente todo parezca tan rápido.

Pasando las páginas aparecen más cromos de coches de la época: un 600 y otros cuya marca no reconozco (quizás un Pegaso), así como un coche americano y la famosa furgoneta Wolkswagen de los surferos, originalmente una furgoneta de reparto.

El vehículo de reparto más cotizado en la actualidad, el salvavidas delata su futuro uso (La Gaceta de Gea)
Tras esta sección introductoria tenemos las reglas de circulación para peatones que, en la actualidad, casi todos los ídem nos saltamos. Entre otras preguntas interesantes, de gran aplicación, hay una que me parece relevante, porque yo mismo he presenciado como mucha gente lo desconoce completamente: ¿por dónde debe caminar el peatón en las carreteras? Pues nuestro texto dice que en caso de no existir andenes especiales los peatones circularán por el lado izquierdo de la carretera, de este modo pueden ver los vehículos que avanzan hacia ellos y evitarlos en caso de peligro, ya que es muy peligroso caminar por la zona derecha pues la visibilidad es muy mala y resulta difícil ser distinguidos por los conductores" Amén, a ver si alguno aprende...

Preciosa moto de la época, a juego con los calcetines (La Gaceta de Gea)
Después habla de varias reglas y consejos de la circulación para motoristas y ciclistas. Aquí si que hay tela que cortar, puesto que muchos de ellos son tan irresponsables, o más, que sus compañeros de cuatro ruedas. Especialmente los ciclistas -yo lo soy-, que a veces nos cargamos de una superioridad moral que nos hace obviar cualquier cuidado, no dándonos cuenta de nuestra propia fragilidad. Hay una pregunta curiosa ¿está permitido circular sin coger el manillar, si con ello puede llevarse mejor el objeto que transporte? Respuesta: no está permitido, y sólo es lícito llevar aquellos objetos que no impidan al conductor el perfecto manejo del vehículo. Es decir, que no puedes llevar al churro o la churri (viva la paridad) dejando el manillar, por muchas ganas que tenga la lectora o el lector, o viceversa. Al menos, en aquellos tiempos. En la actualidad lo mejor, si coges una bici, es llevar casco y armadura toledana, por si las moscas.

¿La smart city del futuro? (La Gaceta de Gea)
Entramos en otra sección del álbum: las normas elementales para los conductores. Todas plenamente vigentes, incluso las normas para adelantar tranvías.  Tras ella, las señales de tráfico, agrupadas en cuatro categorías: señales de peligro (triangulares), preceptivas (redondas), informativas (rectangulares) y de ordenación y seguridad (marcas en el pavimento, luminosas y señales de agentes). Vamos a poner una página por cada tipo de señal, para admirar la belleza de sus dibujos, a pluma y acuarela, simplemente preciosos.

Señales de peligro (La Gaceta de Gea)
Señales preceptivas (La Gaceta de Gea)
Señales informativas ¿la del teléfono todavía se ve? (La Gaceta de Gea)
Después de esta bonita colección de señales vintage tan decorativas (ya me gustaría a mí tener alguna de éstas), entramos en las señales de ordenación y seguridad de la circulación.

Circulación en una ciudad que no reconozco ¿alguien sabe cuál es? (La Gaceta de Gea)
Se explica lo es un paso de peatones, la línea continua, discontinua y las flechas del suelo que indican las direcciones, llamadas aquí de preselección. También se explican las líneas blancas del pavimento que indican las plazas de aparcamiento. Todo exactamente igual que ahora, sólo cambian los modelos de vehículos, y de humanos, porqué no decirlo.

Plazas de aparcamiento (La Gaceta de Gea)
Dejamos ya esta ligera entrada, de las que permiten más deleitarse que pensar, hasta su continuación, donde hablaremos de semáforos, agentes de la circulación, señales ópticas y otros elementos carreteriles. Además, observaremos divertidas imágenes de la época, a todo color, que nos parecerán de otra galaxia, más que de otro tiempo.

¡Paz y bien, amigos míos!

Estrellas en la piedra (I)

La verdad es que hace tiempo que no escribo sobre patrimonio, sobre ruinas, sobre arqueología. Quizás porque me pasé todo mi doctorado habla...